Perfiles con morbo.- El observador impertinente

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Siendo todos nosotros, observadores en mayor o menor medida, pues la ciencia se basa en el análisis, se trata de exponer aquí, al observador de la lupa distorsionada.  

Para empezar todo el que observa al vecino pierde su tiempo. Pues si has hablado con él, ya sabes de qué va. Y si no has hablado, ni lo has tratado, cualquier cosa que le veas, será más o menos malinterpretada.  

Normalmente, el que pierde su tiempo espiando al vecino, no ha caído en la cuenta, de que sólo tiene veinticuatro horas al día, y que no le van a dar para arreglar lo suyo.  Mientras lleva la contabilidad ajena, no se da cuenta de que  un hijo se le está echando a perder, o de que una hija se le está haciendo una zorra de “muchos quilates” como decía Quevedo. Probablemente, le esté robando un empleado y ni se está enterando de como camina su vida, o no le queda tiempo para rezar, que también es importante. Una vez fuí testigo (porque me pasó a mí) de una señora que esperaba como “la vieja del visillo”( término que emplea el genial José Mota),  a que alguién aparcara mal, o sacando la nariz a la ventana, para ver si una camioneta olía o no a estiércol, para llamar por teléfono, en seguida, a los agentes del orden. Y no se daba cuenta de los cuernos que le ponía la nuera a su hijo, y muchas más desgracias, que iban pudriendo su vida personal. Creo que a ésta en concreto, ahora horrorizada,ya no le queda tiempo para mirar y ocurrírsele maldades.

También está el observador poderoso, que se dedica a poner obstáculos en el camino a las personas que intentan salir hacia adelante, sin apercibirse de que los muros infranqueables no son tales y que la situación se le viene en contra. ¿Por qué? pues porque si tiene tan poco cerebro, para sólo poner cortapisas, es que no está evolucionando su carrera profesional, ya que los creadores brillantes, nunca descienden a la altura escasa, que sólo permite ver el lodo del chiquero. Y así el mediocre, observando lo que no le interesa, pierde la jugada en el pócker de la vida y luego exclaman,  ¡en qué fallé!

MELVIN ZAMORANO

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