PUER-PUERI CAPÍTULO 9

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Cuando la inteligencia natural, ya no me daba para estar entre las tres primeras de la clase,  pues pasando de cursos, ya te iban exigiendo memorizar textos y profundizar en la retención de conceptos, y tener que realizar exámenes orales y escritos. Pensé:”antes que dejar mi vida llena de vivencias a un lado y ponerme a empollar o asistir a clases particulares como hacían otras compañeras, voy a decidir,  vivir intensamente cada faceta, de tal manera, que  me conformaré con unas calificaciones que ronden puntuaciones entre 5 y 7 para las asignaturas fáciles y 5 a 6 para las difíciles, amén de algún suspenso recuperado, y que todo ello no impida mi progreso como alumna, y conseguir por supuesto el aprobado, al final de cada grado, facilmente”. Dejé entonces a un lado el afán (que nunca tuve por cierto) de destacar en las calificaciones, importándome un bledo lo que pensaran de mí y lo que me preocupaba, realmente, era vivir la intimidad de mi casa con mi familia y evolucionar en mis elegidas lecturas, mis juegos y mi afectividad, volcarme en mis mascotas, mis hobbis y alguna amiga, por cierto escasas, las cuales me acompañaban casi a diario, pues yo era abierta y sociable, (aunque no desperdigada) y leal en los afectos, todo lo que se le podía pedir a una puer-pueri, que estaba gobernada por su esquema jerárquico familiar, escolar y social. Realmente, naces en el ambiente impuesto por el destino, y en ése te tienes que acostumbar a vivir, y establecer lazos importantes en el desarrollo psico-afectivo natural de cada ser humano, según el entorno en donde has caído…  De algo nunca renegué y era de mi familia, entregándome en cuerpo y alma a todos ellos, mucho más allá de mis posibilidades. Preferí adaptarme a través de la felicidad que me daba el cariño hacia los míos, y crecer lejos de traiciones y disgustos. Me acostumbré a ilusionarme con todo, evitar todo tipo de desganas y agradecer al creador, todos los dones con los que me había obsequiado, con lo cual se alejaron de mí los estúpidos e hipotéticos traumas, en los que se ceban los escrutadores de la sociedad, al buscar en las pequeñas rebeldías e inocentes travesuras de poca monta, la causa de horribles complejos de los que se alimentan los bolsillos los pedagogos y psicólogos mediocres, que medran a la sombra de padres flojos y poco vocacionales, que no saben educar a sus hijos. Yo en mi colegio y en mi casa era feliz, sabía lo que era el amor y asumí los inconvenientes de una vida que me relacionaba con el prójimo, entendiéndose por tales, los más próximos o cercanamente íntimos, aceptando por supuesto que ninguno de los componentes de mi hogar de infancia éramos perfectos. Más tarde entendí que en el seno familiar de hogares prácticamente sin mácula, de cara a la galería, se dieran verdaderos dramas incomprensibles, en gente politicamente correctas, pero que quizás poseían egoísmos y deseos inconfesables, que les llevaban a cometer acciones egoístas, las cuales castraban psicologicamente a los más vulnerables, coaccionando las libertades esenciales para su desarrollo e invadiéndoles su propio espacio vital, prácticandoles ciertas indiferencias, causadas por la poca capacidad de renuncia en favor de los otros, hedonismos, y reticencias que desembocaban en desgracias, rupturas. Todo ello daba orígen (según yo iba observando en el transcurso de los años), a la formación de personalidades y carácteres  de conflictividad irremediable y conceptos enmarañados, afectividades nulas,siendo todo ello un resultado muy negativo, a la hora de hacer el equipaje sin el bagaje adecuado, llegada la hora de la emancipación.

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