PERFILES CON MORBO.- EL HOMBRE O MUJER CAPULLO por MELVIN ZAMORANO

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¡Cuan desgraciados son el hombre o mujer capullo! El término invita a reflexionar, ¿quién puede ser tan ridículo, que se vaya enredando a sí mismo/a como un capullo de seda..? Aparte del propiamente llamado por insulto “capullo” y obviando ese término grosero, él o la que imitan al gusano, que ingiere hojas de moral y que proporciona ese precioso y bien valorado tejido llamado “seda”, son personas que está muy lejos de obtener un producto de igual calidad. Del verdadero envoltorio de seda y por una compleja metamorfosís creada por El Señor de todas las cosas, saldrá la mariposa y los capullos irán al tratamiento textil complicado y tradicional, que incluso dio nombre, a una ruta de avance comercial en el Oriente y que figuraba en tiempos remotos, como caminos interpoblacionales a gran escala, o interimperiales llamados  ” LA RUTA DE LA SEDA”. ¡No!, el ser humano que se envuelve en el capullo, no corre la misma suerte. Desprovisto del instinto o sabiduría, imposibilitándole ver más allá de su nariz. Teniendo comportamientos de niños y niñas, que juegan a las casas de muñecas en los consistorios y otros edificios institucionales, y no vislumbrando más allá de lo que puede suceder tras un acontecimiento y sus repercusiones, tienden la tela del chiringuito, tan torpemente, que a la larga el efecto de sus acciones los va envolviendo…

El tiempo les va complicando las cosas, pues mueven frenéticamente las teclas del wass-up, entrando en la fatiga y en una confusión en el propio diseño de las prioridades a corto y largo plazo, se meten en el boato de un triste despacho y ciñéndose a la conversación de un/a simple subalterno/a, comienzan a olvidar los hechos a pie de calle, la rentabilidad que da el cara a cara, el departir con seres más o menos realistas, etc. Olvidan el sentido práctico, se alejan como María Antonieta de la realidad, cuando se dirigió a los lacayos y mandó el recado al pueblo:-¿Quieren pan?, ¿no hay? pues denles galletas. Seguidamente el pueblo la ajustició con crueldad.

Estos Juanillos y Juanillas del carguillo subido a la chepa de sí mismos, comienzan su ardua y frenética carrera hacia el propio envoltorio o capullo. Lo más triste es que de ahí, no volverán a salir convertidos en bellas mariposas. ¡No!, se asfixiarán sin remedio y desde el interior de lo opaco, caerán en el desequilibrio al preguntarse: – ¿A donde fue mi tiempo perdido? ¿Como obvié las prioridades de mi ya perdida consciencia? ¿Como pude hundirme a mí mismo/a y conmigo, vender, como lo hizo Caín, el alma por el famoso plato de lentejas y quedarme convertido/a en un capullo como él? – ¿Será demasiado tarde? ¡Por Dios, sáquenme de aquí, por favorrrr…!

por MELVIN ZAMORANO

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