JOSE CARLOSA GAVILÁN BATISTA, REFLEXIONES SOBRE LA AMISTAD

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REFLEXIONES SOBRE LA AMISTAD

Un amigo entrega en el día de su cumpleaños a su otro amigo una acuarela hecha por él, y que titula “Las estaciones”. Sorprendido por el regalo pero aún más por el detalle de representar unos peces que sobrevuelan un terreno boscoso, se esfuerza en comprenderlo, pero pregunta el por qué de tan luminosa y misteriosa manifestación, la respuesta que obtuvo fue: “porque sí”. El arte y la filosofía ayudan a convivir con las preguntas, no a responderlas. Se trataba de su personal creación, en una entrega absoluta donde trasciende su singular imagen de sí mismo, sin cuestionamientos ni prejuicios, y añadió:“quien no acepte o se resista a la autoconciencia, a la individualidad, se quedará fuera, confundiendo lo raro con lo tonto, irritado e insomne, uno ha de empezar y terminar en sí mismo”. Su amigo le dice: “no sé, todo esto es muy complicado. Pero quizá tengas razón. Pero lo que yo me pregunto es si en verdad le es tan fácil al ser humano poder elegir algo por sí mismo”.

Es cierto que las cosas son como son, pero es necesario, algunas veces comprender el por qué se originan, qué habrá detrás de tales interpretaciones de la realidad, que en muchas ocasiones nos cuesta aceptar. Cómo distinguir la verdad de la aceptabilidad racional.

El supuesto de un mundo conceptualmente estructurado en su totalidad, descarga a la mente humana, finita y falible, del esfuerzo constructivo de generar mediante conceptos propios interpretaciones de lo que sucede en el mundo, todo está bien calculado, medido, compuesto. Lo que pasa cuando no pasa nada, no se hace o dice nada que no esté de antemano previsto.

No se trata de alguien que no viva la realidad. Ambos son conscientes de su presencia en el mundo, y no se atreven a corregir. Siguen con su intercambio de palabras cada vez que hablan y enjuician en silencio. Probablemente porque ambos saben, o creen saber, que se entienden como personas en general que al mismo tiempo son individuos inconfundibles, que en su historia vital no pueden ser representados por nadie. Ninguna reacción, cada uno se dirige al otro y no esperan una posición respecto a lo que dice, ya sea positiva o negativa, o una abstención. Sólo intentan mostrar comprensión de sí mismos como personas que entran en relación los unos con los otros. Cuando hablan no hay pretensiones de validez, hay una comunicación, y se dice algo sobre lo que ocurre en el mundo, con la intención de que se interprete la creencia sin posicionamientos. El que escucha, hace lo posible por comprender correctamente aceptando la pretensión de verdad. Las pretensiones de verdad aspiran a un reconocimiento intersubjetivo sobre algo en el mundo.

La unidad del mundo, totalmente estructurado conceptualmente por seres racionales, elimina las diferencias de lo que no resulta relevante e ininteligible. El reino de la libertad está inevitablemente entrelazado con el de la necesidad. No obstante, el que habla con la pretensión de verdad, dejando que fluya su verdad, a veces, incluso rompiendo los compartimentos estancos, sin buscar nada a cambio, actúa por que de un modo natural lo siente así, y por que además es una manifestación de sí mismo. Y aunque esté en un error, estará justificado si lo que dice es con buenas o por buenas razones, ya que no ha habido intención de hacer daño a nadie, y no necesitan además de una mayor explicación.

Pero, ¿qué relación tienen todos esos conceptos estructurados que con sus reglas y normas, tratan de imponer sus máximas de verdad en un mundo de la vida repleto de desigualdades, y con una deplorable deshumanización, que en la mayoría de los casos llegan tarde para instruir al mundo?. Lo realmente importante es que las personas en libertad se comprendan a sí mismas, y que entran en relación los unos con los otros a través de un mutuo reconocimiento. Sintiendo la unidad y la espontaneidad de una vida que fluye sin trabas ni daños.

Me pregunto si sería posible alguna vez actuar “porque sí”, y gozar del lujo de actuar desinteresadamente, es decir, saliendo de nosotros mismos para fundirnos con los otros, desconociendo el terror, la desgracia, y la dolorosa fatalidad de la historia. Este desconocimiento era una forma de felicidad que se acabó a partir del momento en el que empezamos a conocer la diferencia entre fantasía y realidad.

 

 

 

2 Comentarios

  1. Explicar -del latín explicare, “desplegar”, “desarrollar”- es describir una cosa; es descubrir su génesis, comprobar las relaciones que las cosas tienen entre sí, tratar de aclararlas. Explicárselo es también, para mí, explicarme a mí mismo y esforzarme por poner en su lugar cosas desplazadas o subvertidas por la ignorancia o por la mala fe, que se ven siempre unidas por un misterioso vínculo en la mayor parte de los juicios que se emiten sobre las artes. La ignorancia y la mala fe se enlazan por su raíz, y la segunda beneficia sordamente las ventajas que extrae de la primera. No sé cuál es más odiosa. De por sí, la ignorancia no es un crimen. Empieza a volverse sospechosa cuando pretende ser sincera; porque la sinceridad, como decía Rémy de Gourmont, apenas constituye una explicación, nunca una excusa, y la mala fe no deja nunca de asirse de la ignorancia como de una circunstancia atenuante.
    Ígor Stravinski

  2. Gabriel Marcel: Hay una participación, una comunicación, se introduce en la existencia del otro; los dos están como personas en la que no hay ninguna exigencia, simplemente un acto de afirmarse ambos como libres, una experiencia de amor.

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