DESENLACE FATAL . MELVIN ZAMORANO

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Veía muy poco a mis hijos, porque yo trabajaba de noche y dormía de día.  Entré en crisis matrimonial desde unos años atrás, también veía poco a mi mujer. El medio laboral me fagocitaba las energías, pues teníamos un ambiente un tanto tóxico entre compañeros, pero el objeto de mis análisis, es centrarme, en como llegué a las puertas de la muerte.

Dormía, las cortinas no dejaban entrar la luz del sol; ¡de pronto! unos estampidos me sobresaltaron, paraban, volvían a surgir, paraban, otra vez el ruido infernal.

Me decidí a subir a la planta alta, para enterarme de lo sucedido.  Pulsé el timbre, abrió la puerta un hombre de mediana edad, sudaba, pero amablemente me invitó a pasar. Le dije que me avergonzaba, el hecho de que siendo vecinos, no nos conociéramos. Él me contestó, que era normal que no  hubiéramos coincidido ni en las escaleras, ni en el ascensor, pues el comienzo de la crisis del 2008, lo había dejado sin trabajo y vivía en las afueras de la ciudad, en casa de sus  padres. Que la causa de los ruidos era que estaba reparando el apartamento pues lo iba a vender. Me rogó, disculpara  las molestias.

Pasaron meses, el vecino en cuestión, vendió su casa y la compradora, tomó posesión de la vivienda.  Al cabo de una semana, se reanudaron los ruidos infernales que me retumbaban en el cerebro, ¡PAM, PAM, PUN, CRASH, RUUUUUN…!

La señora, enferma de cáncer en fase de recuperación, estaba horrorizada de la decoración de su nueva vivienda y echando pestes, se dispuso a levantar suelos, alicatados y loza sanitaria. Yo comencé a tratarme de los nervios y tomaba somníferos, pero eso no impedía los sobresaltos por culpa del estrepitoso ruido sobre mi dormitorio.

Terminaron las obras de la señora y un fatal desenlace, hizo que una recaída en la enfermedad segara la vida de la pobre mujer, de forma galopante.

A las dos semanas, apareció el heredero. Me lo encontré en el pasillo que daba al zaguán de la entrada. Me comentó que los colores oscuros del decorado de las baldosas y la cocina, revelaban el pésimo gusto de su difunta tía y que iba a rediseñar otra estética más armónica y alegre, de manos de un profesional, para poderlo habitar con su familia.CbeqRDeXIAA_f47

Pedí una baja laboral y al mismo tiempo, inicié mis visitas al psiquiatra. Comenzaron de nuevo las obras, y ya no se más de los vecinos de arriba, porque me ingresaron en la unidad de psiquiatría del hospital, ya que uno de mis hijos, me encontró inconsciente sobre la alfombra, y llamó a la ambulancia.  Lavados de estómago, cambio de tratamiento y no recuerdo más, solo el retumbar de los martillos en todo mi cuerpo.

-¡Papá! ¿has intentado suicidarte?. -No hijo, debe haber sido un error a la hora de tomar los medicamentos-le contesté.  Debo confesar que yo no recordé nada de lo sucedido.

He comenzado una vida nueva, en otro municipio, en el campo. Trabajo de día, duermo de noche.  Cultivo mi jardín, y tengo unos perros que me acompañan y me alegran la vida. Mis hijos vienen a verme de vez en cuando, ya son mayores de edad.

Tengo una nueva oportunidad.

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