HIPÓLITO ES VOYEUR por MELVIN ZAMORANO

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Mi amigo Hipólito es voyeur.  No lo supe hasta que viajé a donde él vive. Una ciudad dormitorio de la periféria de Santa Cruz. Le invité a salir y me llevó a su casa primero, cenamos, le conté las cuitas y éxitos de mi hijo el mayor, a lo que obtuve una vaga respuesta. Hipólito tenía las pupilas dilatadas y me sedujo, ante la posibilidad de dar un paseo nocturno por un pueblo cercano. Nos bajamos del coche, caminamos bajo el olor de las flores y arbustos recién regados,y bajo millones de estrellas, una luna difuminada entre negros nubarrones, excitó mucho más a mi amigo. Oía su respiración entrecortada y masticaba caramelos cítricos.  Llevaba una tenue linternita y me iba abandonando, a cada paso, para mirar a través de las ventanas, los visillos, persianas semiabiertas y todo lo que estuviera al trasluz.  De pronto le dije:- ¡Hipólito!, es la última vez que salgo contigo, se le ocurre a alguien llamar a la policía, y aquí me tienes, un profesor universitario ¡detenido! por mirón.-No te preocupes me dijo, yo siempre vengo a mirar cuando es la hora de cenar y leer o ver algo antes de dormir. A nadie se le ocurre mirar por la ventana, eso sí, no voy donde tienen perro, es obvio.

-Si muy bien, pero ¿que coño placer le encuentras a esto, si ni siquiera ves a nadie desnudo?

-¡Ay Melvin!, tú no sabes lo que es el arte sugerente de todo tipo de ambientes y escenarios en los hogares.  Por ejemplo hay señoras guapísimas sirviendo la mesa. Todas son más interesantes que la mía. La decoración de todas esas casas, ya sean lujosas o rústicas, me hacen caer lágrimas, yo respiro historia, arte, sentimientos en cada objeto que veo reflejado, en los  recuerdos dormidos en los retratos de sus vitrinas, la mayoría son de sus antepasados, me encapricho de los besos que se dan, de cómo cruzan las piernas, mientras fuman o beben. ¡Sabes Melvin!, te voy a contar un secreto, las parejas que mejor se llevan se sientan muy juntitas en el sofá, hablan, pero se besan a cada momento y lo más grandioso es que ya sus hijos son grandes y ellos ya son unos puretas, pero ¡cómo tiemblo yo! cuando ellos se abrazan y se acarician…Ellos, los hombres son más cariñosos que ellas y echan raíces en el sofá cuando su mujer los acompaña.

-Sabes Hipólito, creo entender, un poco intuitivamente, lo bien que te lo pasas, pero pienso que has de revisar tu vida familiar, pues si fueras ten feliz como ellos, no ejercerías de voyeur de pacotilla. ¡Oye! y ¿te acercas cuando oyes gritos y peleas?- Pues sí, también, la mayoría de las veces es por celos o problemas económicos, pero la sangre nunca llega al río y suelen reconciliarse sobre la marcha…

Bueno Melvin, la próxima vez que quedemos, como buenos amigos que somos, te traes a tu mujer, seré feliz observándoles de rabillo de ojo, y no correré ningún riesgo, porque todo mi placer será hacia los dos, en casa, mientras charlámos tomando el fresco en mi terraza de verano,soy así, no lo puedo evitar.

MELVIN ZAMORANO

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