EL BARCO DEL OLVIDO.-SEMANA DEL ALZHEIMER por PINO NARANJO

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PINO RETRATO

EL BARCO DEL OLVIDO

Nunca había visto el reloj de esta manera, siempre lo ignoré, ahora lo distingo veloz y lento. Lleva la velocidad de lo perdido, la lentitud de la agonía.

Me llamo Eugenia María del Rosario, mi apellido, Cualquiera Cualquiera. Tengo muchos años, podría decir un número pero seguro no acierto, imagino que son más de la cuenta, lo dice el espejo. Por lo visto estuve casada tres veces, lo sé por las bromas de quienes dicen ser mis nietos, niños regordetes poniendo todo patas arriba, ¡como me gusta ese jolgorio de risas!

Antes quería morirme, sí, lo confieso, quería morirme… sabía lo que me esperaba y lo que esperaba a mi familia, quería morirme porque sólo veía caras llorosas a mi alrededor, caras de susto, desconocidos interrogándome una y otra vez…, “cómo te llamas…, cuántos años tienes…” Noté que si me equivocaba se ponían tristes y digo equivocar porque no veo otra razón para tanto drama. Por eso a la pregunta de mi edad digo, “muchos años”, a mi nombre, “abuela”, a todos los llamo “amor” y “cielo”, así nunca te confundes ¡se ponen contentos! Si veo felicidad me contagio enseguida. Ellos ignoran lo que pienso, por lógica deben ser mis familiares. Tengo Alzheimer, ¡qué vamos hacer…!, ¡me tocó! Como todavía tengo vagos recuerdos, voy a narrarles quien creo haber sido.

Veo mi infancia claramente, mi mejor amiga se llama Lina. Debe estar tan vieja como yo, ¡madre mía con lo vanidosa que es! cómo lo llevará… Competíamos en todo, en carreras de fondo siempre lográbamos los primeros puestos. Era la nuestra una competencia agradable, para mejorar, no había envidia ni nada de eso. Tuvimos pretendientes a montones, dicen que me casé tres veces, creo que esto ya se los he contado, bueno…, no sé…, por si acaso, sigo. Los he olvidado, sus nombres, sus caras…, me refiero a mis maridos, muy bien no lo debí pasar para no recordarlos. Ahí tengo un triángulo de las Bermudas tremendo, a saber…

He asumido mi deterioro, no soy cobarde, llegaré hasta el final de mis días con el coraje que me ha caracterizado. Odio ser una carga, he hablado con mi familia para que busquen una residencia especializada, se niegan a tal cosa. “Lo pasaremos juntos mamá, aquí hay muchas manos”. ¡Vaya familia tengo! Por eso quiero dar ejemplo de valentía, ¡qué nunca tiren la toalla, jamás!, luchar hasta el último soplo. Hoy disfruto la vida de otra manera, disfruto la vida a través de los otros, me recreo con la alegría de los pequeños, aunque me horroriza quedarme sola con ellos, ¡no soy un juguete!

– ¡Ya está bien por hoy!, no sé quien eres, si dices que eres Lina, eres Lina. Debes serlo porque estás francamente vieja, debes serlo porque no lloras al verme, debes serlo porque te ríes de todo y sabes qué…no te ves tan mal en esa sillita con tu collar de colorines impropio y tus piernas bien cerradas para evidenciar tu educación. Sí, ríete, tú ríete, yo voy a dormir. Recuerda venir a verme, tú estás mejor que yo. ¡Ah… deja de machacarme con mis cambios de humor!, ¡para eso no vuelvas!, lo digo en serio.

– ¡La abuela se durmió! Estaba hablando sola, gritó un poco y se durmió como una bendita.

– ¿Entendiste lo que hablaba?

– Lo de siempre, hablaba con su amiga Lina, hoy por lo visto discutieron.

Mi madre, María Eugenia, no es una madre típica, no se ha casado tres veces, se casó solo con mi padre, fallecido hace cinco años, por aquel entonces se empezaron a manifestar síntomas de la enfermedad, cosas sin importancia que se pasan por alto.

– Dame eso.

– ¿El qué?

– ¡Eso!

– ¿Qué es eso?

– ¡Déjalo!, yo lo cojo, ¡no te molestes tanto!,- el enfado era palpable por no lograr decir la palabrita.

Así empezó, pequeños despistes sin importancia que nada hacían presagiar lo que vendría más adelante.

Fue una mujer sobresaliente, estudió Ciencias Químicas cuando casi ninguna mujer iba a la Universidad. Viajaba con mi padre que era arqueólogo, de tal manera que me crió mi abuela, supongo que no entraba en sus planes tener hijos. Una vez me dijo: Federica, he de decirte que toda mi vida he hecho lo que me ha dado la gana, la vida me ha sonreído, ¿sabes cual es mi secreto?, – sin esperar respuesta -. Mi natural optimismo, todo lo veo por el lado bueno, incluso he llegado a inventarme un lado bueno inexistente en tiempos malos, como agarradera, ¡me ha funcionado!

Bien, esa era mi madre, Eugenia Mª del Rosario, todo un carácter, hasta el punto que cuando supo su enfermedad, lo meditó despacio y si no hizo un disparate fue por amor hacia mi persona, sí, únicamente por amor hacia mi persona. Sus últimos años, quizás para compensar sus ausencias, quiso enseñarme que en la vida siempre debes ser fuerte por muy mal que vayan las cosas. Ese es su legado, el mejor legado que me ha podido dejar. Aceptó andar por los tenebrosos caminos de la confusión, donde no hay rostros ni nombres. Aceptó tener dos compañeros inseparables…, molestos…, “Olvido” y “Ausencia”.

Pocas cosas en esta vida me darán miedo, ella me hizo fuerte porque aún sabiendo que iba a moverse por los extensos pasadizos de la mente perturbada, me explicó con frialdad científica la inconveniencia de hacerme cargo de su enfermedad.

– Hay centros que están preparados para esto, no hay medicamentos, solo paliativos. No te conviene, ¡no te convengo!

Sin embargo, ella lo iba a tomar como una etapa más de su existencia que había que encarar, la menos amable, sin duda.

-Federica, afronta lo que venga, no seas pusilánime. Nunca pierdas la esperanza porque en cualquier momento puede aparecer la “medicina milagro”, lo digo por si te has planteado que la genética te hará una mala pasada. Las enfermedades terminan curándose, tarde o temprano.

He observado que si le sonríes o le besas en sus ojos ahora infantiles, hay un brillo especial, es como si fuera una niña-vieja. La ponemos delante de la televisión, con su mejor traje porque fue coqueta, ella con la mirada perdida y su tenue sonrisa, con la mano cogida de algún nieto, ¿quién lo diría?

No sé si esto es hereditario o no, incluso dado los avances de la medicina, pueda no tener que entrar en el túnel sin luz, en el que entró. Lo que tengo claro es darle todo mi cariño e inculcárselo a toda la familia, ¡es sensible al amor!, ese sentimiento que todo lo puede, puede de igual manera llegar hasta el recóndito lugar donde se encuentra, quizás en un lugar llamado “Te Necesito”.

Eugenia Mª del Rosario, murió como todos nos moriremos un día u otro, no hay más fatalidad en la muerte que la despedida, esa despedida sin prórroga. Lo hizo con la cabeza bien alta por llegar a la meta de su vida que no era otra sino terminar esa carrera de fondo, esa carrera en la que piensas que no vas a poder porque todo está en contra, hasta el viento huracanado de frente, hasta las rodillas dobladas incapaz de dar un paso más, pero puede más la determinación de llegar al objetivo, entonces nada importa, ningún sufrimiento, todo se desvanece porque lo has conseguido. Has llegado donde tenías que llegar, has hecho lo que debías hacer y eso hace que cuando cruzas esa línea, levantes las manos del triunfo, no hay prepotencia, hay humildad. No importa en qué puesto has quedado, has terminado la carrera de los días que te ha tocado vivir. Ella lo consiguió, eso es lo importante, también que estuviéramos allí para animarla, en la meta de su vida, en la meta de la vida de cualquiera, ¡no estaba sola, nunca lo estuvo!

Pino Naranjo

@Pino_Naranjo

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5 Comentarios

  1. Precioso y tan real Pino. Una muy cruel enfermedad pero con la mejor de las actitudes se intenta sobrellevar. Tener fortaleza para asumirlo y que lo asuman la familia es la clave. Gran relato con la piel erizada.

  2. La escritora habla, de como interpreta su verdadera forma de ser, proteccionista, afectiva, inteligente,moral…Imposible ocultar la impronta, la absorción de la elegancia, la educación más impregnada, la solución aceptando el apocalipsis del final, estoicamente, como no puede ser menos. El alzheimer,el parkinson, la demencia senil, la neurástenia del desgaste, de la soledad, de la entrega más desinteresada. ¿Cual será mi modalidad? ¿Tendré una Federica a mi cuidado?.Recorreré mi camino sin el desenlace de la destrucción prematura, de todo este engranaje de experiencias y talento al servicio de los demás, ¿lo recorreré sin nieblas, con la lucidez de los elegidos por el altísimo, que calientan el plumín hasta completar el legado a las nuevas generaciones?

  3. Se nota que todo lo que escribes te sale del corazón, Pino, querida, eres muy grande, una bellísima persona. Estoy orgullosa de que seamos compañeras y sobre todo amigas.

  4. Un estudio reciente en las personas mayores afectadas por catarros puso de manifiesto que el apoyo social es un determinante terapéutico esencial. Cuanto más sólidas son las relaciones con los amigos, vecinos o colegas hay menos riesgo de tener estos trastornos. Un 62% de los participantes en este estudio que tenían 3 relaciones personales importantes o menos enfermaron, frente a sólo un 35% de los que contaban con el apoyo y la afectividad de 6 personas o más. De ahí, el gran interés terapéutico de potenciar y desarrollar los grupos de autoayuda y de habilidades sociales.
    Las personas mayores que se centran en le presente y en el futuro inmediato perciben que la vida tiene todavía cosas para ofrecer. La salud física por lo tanto, no es el mejor indicador de un envejecimiento adecuado. No cabe la menor duda de que nos encontramos ante personas que saben “vivir”, que saben disfrutar de la vida integralmente y que se encuentran dispuestos a permanecer activos en cada uno de los aspectos de su vida. Personas que tienen una actitud generosa hacia la vida, que aceptan aquello que les proporciona la vida y que tienen una existencia feliz y despreocupada. Persiguiendo la sabiduría y la iluminación no se pueden desentender de la salud de su cuerpo.
    En su pasarela del espíritu, el anciano ha encontrado la belleza interior y en esa llama que alimenta buenos pensamientos reside la clave de nuestra longevidad. Naturalmente, los programas de intervención terapéutica, centrados en el desarrollo de un “envejecimiento saludable y feliz”, tratan de potenciar el cultivo de actitudes positivas que permitan mantener un buen grado de implicación intelectual, afectiva, social y de ocio. Tal vez ahí radica que la causa de la satisfacción en la vejez, sentirse protagonista de su propia evolución como persona y, más que nunca, un importante miembro de la comunidad a la que pertenece, y alcanzar un grado de energía física y psíquica que permita lograr la longevidad.

  5. Épico : “Nunca había visto el reloj de esta manera, siempre lo ignoré… ahora lo distingo veloz y lento. Lleva la velocidad de lo perdido, la lentitud de la agonía.”

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