EL POLITICUCHO POR ÁFRICA BARBAS

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07663534509Existimos en la caótica maraña del siglo XXI, marcado por las crisis y bancarrotas nacionales, la superpoblación, el avance imparable de un pseudo progreso, protagonizado por la sofisticación de las tecnologías, que hacen muy difícil que cada ciudadano que nace vaya a tener un futuro profesional enriquecedor o al menos digno. Habitamos pues, en un puchero de conflicto, desigualdad, carencia y desorden.

Además, corre por el mundo, la peor de las pestes; un virus ideológico avaricioso que antepone la apariencia y la deshumanización, al futuro de la humanidad y que convierte a los seres humanos en tullidas masas de carne hipnotizadas por la moda de turno, la inmediatez del culto al cuerpo, o resumiendo, por cualquier estupidez, que los haga escapar de sí mismos y de la realidad.

Y es así, que este putrefacto caldo de cultivo, se convierte en ambiente ideal para que el personajillo que denominaremos (por no caer en la ordinariez),“politicucho”, (semejante en su proliferación a las plagas de las plantas de nuestro jardín) perfil casi perfecto para una novela esperpéntica de Valle – Inclán. Veamos entonces, cómo se desarrolla, la trayectoria, de este politicucho, apropiado personaje de una novela de picaresca.

El “políticucho” suele ser un niño al que la naturaleza no ha dotado ni de bondad, ni de belleza, ni talento alguno, véase artístico o científico, ni de ninguna de todas esas virtudes que desde tiempo inmemorial, el ser humano ha venido deseando. En cambio, el aspirante a líder, sí que nace con una buena memoria, una ambición enfermiza e infinitas ganas de ser el centro de atención y ser deseado o deseada, cueste lo que cueste.

Para prosperar, desde temprana edad, siempre recurre al consejo de sus mayores, por esto de tener un miedo atroz al fracaso, y no querer nunca enfrentarse al empírico método de ensayo y error que tanto nos hace aprender en la vida. Este personajillo, inseguro y acomplejado, suele contar desde temprana edad con algún familiar o familiares, que le aconsejan que para vivir bien con poco riesgo y esfuerzo, hay que acercarse a la política, y de esta manera forjan tenazmente, como arañas, desde jóvenes, una trayectoria de “mediocre trepilla” que pasa totalmente desapercibida, hasta que , algún líder de partido, desesperado por cubrir algún puestillo, y por falta de gente de valía, opta por éste o ésta convencido de que nunca podrá hacerle sombra a él, pues piensa erradamente el que el poder ostenta, que nunca le habrá de ser arrebatado y que su caída irremediable e inexorable, podrá ser evitada. Así, el politicucho, empieza a invertir pronto, dinero en su sonrisa, beneficiando a distintos dentistas, pues carente de toda habilidad verbal, o empatía emocional, sabe que una buena sonrisa y un disimulado y tenso silencio, remedia la mayoría de las situaciones sociales.

El aspirante o la aspirante de politicucho, si elige estudios, los elige universitarios, eso sí, los más mediocres y convencionales, como credencial de una valía fantasma que nunca llega a demostrar de manera práctica, pues odia trabajar.

El politicucho, cargado de un narcisismo extremo, alimentado por la mala conciencia, que le recuerda que aspira a mucho más de lo que su capacidad o mérito propio le hacen merecer, elige fría y cómo no, estrategicamente como lo haría una mantis religiosa, una pareja que nunca pueda ensombrecer su persona. Casi siempre de poca belleza y carisma, y poca inteligencia, pero casi siempre con gran sumisión y obediencia, para que así pueda cargar con el lado oscuro del sacrificio de la vida política.

El politicucho o politicucha, perdiendo el control en la erótica de su competitividad, se cree imprescindible, y tanto llega a enamorarse de sí mismo, como Dorian Gray, que cree que todo el mundo debe sentirse pagado con su mera presencia. En un fugaz ascenso de status social, debido a la segura nómina mensual, proporcionada eso sí, por todos a los que él desprecia, este politicucho o politicucha normalmente de origen humilde, llega a tener maneras de noble y una ridícula e inmoral condescendencia, algunos incluso en su demencia, llegan a ser impertinentes y crueles con sus semejantes.

El pobre politicucho o politicucha es, paradójicamente, digno y digna de compasión, pues en ese bienestar ególatra y en esa sordera intelectual que les caracteriza, se olvidan de que pronto serán sustituídos por ordas de mediocres aspirantes que como ellos, luchan por abrirse paso para dar bocado, como esas moscas que revolotean insistentemente alrededor de un excremento. Aquellos, que hayan sido más o menos listos, habrán intentado favorecer por lo menos a familiares y amigos, para una vez abandonado el puesto, poder disfrutar de al menos una vida más o menos convencional. Sin embargo, el más torpe e incapaz, construye una enredadera social, tejida de rencillas, conflictos, traiciones y vacíos, garantizándose así una vejez, con hijos que no los quieren, parejas que los ven únicamente como fuente de ingresos, amigos inexistentes y una calle plagada de hostiles que si los recuerdan, lo hacen sólo desde el desprecio y la burla. ¡Pobre de aquel politicucho o politicucha que no mire al cielo con temor y a su alrededor con humildad, pues de no ser así, recibirá todos juntos los golpes que se esforzó en esquivar!.

ÁFRICA BARBAS.

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