CARNAVAL por JOSE CARLOS GAVILÁN

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CARNAVAL

Ante la falta de valores se impone la máscara, la fealdad o la belleza superficial, en muchas ocasiones nuestra mejor arma ante el vacío existencial en una vida hueca y sin sentido. El jolgorio, la fiesta mediatizada por el alcohol, las drogas, el exhibicionismo, el ruido de la música callejera, el estruendo de tambores y comparsas. Todos quieren ocultar su amarga realidad al omitir, anular, y olvidar por unos días la incertidumbre y el miedo a la crisis. Una masa desbocada, voraz, agresiva e ingente, camina por las mismas calles pobladas de ventorrillos, donde triunfa la velocidad, la inmediatez, la búsqueda egoísta de emociones y sentimientos hedonistas. Por unas horas o unos pocos días, tiene prioridad lo superfluo, lo banal y lo efímero de encuentros y desencuentros. Cualquier actitud como puede ser vomitar y orinar en las aceras y en los ascensores se acepta porque es carnaval. Los servicios de Urgencias tienen que atender multitud de intoxicaciones etílicas, muchas de ellas en menores de edad. Dar rienda suelta a los instintos, al delirio corporal, a lo más bajo y miserable de una sociedad, resulta más cómodo y agradable que esforzarse en su control. Las enfermedades de transmisión sexual se multiplican por mil, “hay que disfrutar cada segundo y no hay tiempo que perder para poner el incómodo preservativo”.

Una sociedad que cada año se ve impulsada por unos días al embrutecimiento y a sus mayores perversiones, y este año no es precisamente para festejos y mucho menos de este tipo. Tenemos un pueblo que se encamina como los cangrejos, y que al mismo tiempo es negligente con los tiempos que se avecinan. Los pocos ciudadanos conscientes y responsables que nos quedan, se alejan de su domicilio habitual durante el periodo que duran estas fiestas para no ser testigos de estos desastres. Hemos llegado al límite de la máxima ridiculez y vulgarización. El mismo gusto rancio y de las carcajadas de un humor estúpido, cuando ven pasar un hombre con falda, tacones y peluca. Un personaje que intenta expresar aires de elegancia en sensibilidad y amaneramientos que recuerdan a una mujer frustrada. Rostros y cuerpos empastados de pinturas que imitan personajes extravagantes y de lo más extraños… Todos quieren convertirse en actores improvisados para encandilar a los pobres espectadores de la calle.

Una tremendísima incógnita para aquellas personas con crisis de identidad, inseguras e insatisfechas con el rol de vida que desempeñan, la máscara que oculta la conciencia y la culpa. El disfraz que muestra dos caras absolutamente distintas; el triste espejo de una metamorfosis inútil, porque sigue siendo el rostro de una misma persona. Probablemente se trata de hombres o mujeres que desde la más tierna infancia ha sido guiados, digamos alienados, por unos padres que obedecen a una sociedad injusta y carente del sentido de la tolerancia y respetos humanos, hasta convertirse en lo que son. Sus vidas se mantienen ocultas el resto del año para no salirse de la cultura imperante, de los moldes familiares y sociales; de esta manera logran subsistir o más bien sobrevivir, en muchos casos con la ayuda estimable de un buen psicólogo. Sin embargo, de una manera misteriosa, y habiendo transcurrido mucho tiempo de marginación, difícil en la mayoría de los casos, vuelven a ser lo más íntimo de sí mismos, han sido unos supervivientes latentes cada año. De ahí tanta osadía y atropello, tanta prisa, tanto desgaste físico y mental con el fin de atraer la atención de quienes se sienten como ellos, de quienes en definitiva no son simples imitadores.

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1 Comentario

  1. DOCTOR GAVILÁN, PERFECTAMENTE EXPUESTO ME HA QUITADO ALGUNAS EXPRESIONES, QUE YO TENÍA EN LA PUNTA DE LA LENGUA, Y QUE DESPUÉS DE LEERLO A USTED YA NO QUEDA NADA POR DECIR. MUCHAS GRACIAS, POR EL HONOR…

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