Crónicas del pasado, Casino de San Andrés. Por Donacio Cejas Padrón

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CRÓNICAS DEL PASADO

Por Donacio Cejas Padrón

EL CASINO DE SAN ANDRÉS RINDE HOMENAJE A SU PRIMER PRESIDENTE D. JUAN ACOSTA PADRÓN Y AL SACERDOTE DON ANTONIO MARÍA HERNÁNDEZ .

 

En días pasados la Sociedad  Recreativa La  Igualdad, conocida como Casino de San Andrés, rindió un sentido homenaje a dos personas que  han sido significativas en  su  historia y naturalmente en la historia del pueblo de San Andrés. Me cuenta su secretario Carmelo Padrón que la sociedad se fundó en el año 1.932, y que su primer presidente fue D. Juan Acosta Padrón, su primera sede fue en un hermoso inmueble construido expresamente por un recordado vecino del pueblo D. Cirilo Morales para albergarla, y allí funcionó algunos años,  donde llaman La Cancela de La Piedra,  al mismo tiempo que funcionaba en el pueblo otra sociedad llamada La Unión, y tenía su sede en la casa de D. Cirilo Reboso,  es decir que por un tiempo hubo en  el pueblo dos casinos, y había juventud  para celebrar bailes en los dos al mismo tiempo; después  llegada la guerra y con la marcha de muchos jóvenes al frente de batalla, según me cuentan, se  extinguió La Unión, y entonces La Igualdad pasó a celebrar sus actividades en la casa de D. Cirilo Morales, años más tarde se instaló por poco tiempo en la parte baja de San Andrés en casa conocida como de Las Rebositas, y  pasando pronto a la casa también propiedad de D. Cirilo Morales, muy cerca de su primera  sede  en la misma Cancela de La Piedra.

 

Después se instaló muy fugazmente en casa de D. Virgilio Morales en El Llano, y allí  se celebraron algunos bailes, pero seguramente más bien de manera informal, es decir sin ser sede propiamente dicha de La Sociedad, hasta que construido  el edificio donde funciona actualmente  por el vecino del pueblo D. Oscar Acosta pasó,  definitivamente, a su ubicación conocida ya por todos, primero  en calidad de inquilinos, y a partir de 1,974 como sede propia, merced a la gestión de los vecinos del pueblo encabezados y coordinados por el Párroco Antonio María Hernández  de inextinguible recuerdo  en nuestra isla.

 

En el acto de homenaje a los citados, se colocaron fotos de ambos en un lugar preferente del salón, y hubo palabras de recuerdo para los mismos, así cumplen los pueblos agradecidos con las personas que  se   comportaron de manera ejemplar, y que  merecen estar presentes en la memoria como ejemplos para las generaciones futuras.

 

EL PADRE ANTONIO MARÍA HERNÁNDEZ

 

Yo tuve la suerte de conocer al Padre D. Antonio María, me lo encontré de párroco en San Andrés en 1.973 cuando regresé de Venezuela, después de una larga ausencia, y desde mis primeros contactos con el mismo, percibí una personalidad distinta a los antiguos párrocos conocidos, su talante humano, se humildad, su deseo constante de hacer cosas nuevas en todos los pueblos donde ejercía su ministerio, su cercanía a los vecinos era inigualable, entraba cariñosamente a los bares  para invitar a  sus amigos a que acudieran a  La Misa, y  ellos se levantaban gustosamente  y lo acompañaban y llenaban la iglesia, se esmeraba por adecentar el cementerio y  el templo,  le gustaba reunirse con todos  los vecinos y oírles en sus  demandas y opiniones, y como culminación de su obra social en San Andrés, logró  coordinar una acción casi impensable cual fue lograr que entre los vecinos, los emigrantes herreños  en Venezuela y en otros lugares y también con la contribución de vecinos de otros pueblos de nuestra isla, se reuniera el dinero necesario para comprar el edificio donde, para satisfacción de todos nosotros, sigue funcionando La Sociedad, ahora con el nombre de Hogar La Igualdad . Pero D. Antonio María dejó también en los pueblos de El Pinar, La Restinga   e Isora, obras para el recuerdo, y de igual manera, allí se le recuerda con inmenso cariño y gratitud.

 

Una mañana de estos últimos años, tuve el gusto de visitar a D. Antonio María en su despacho del Hogar Santa Rita en Puerto de La Cruz, tuvo a bien dedicar la mañana a enseñarme sus instalaciones y a presentarme algunos de sus  colaboradores, contándome con detalles,  el alcance de lo conseguido y sus planes para el futuro, andaba ya en silla de ruedas, y al despedirme de él, lo noté muy emocionado, afligido, lloroso, y me dijo: Donacio he tenido un gran placer  en la mañana que juntos hemos pasado, recordando mi  época en El Hierro, donde tengo tantos amigos, en este momento tú representas para mí a todos los herreños, dales  un fuerte abrazo en mi nombre, y al despedirme me dio un beso de hermano……..y se fue llorando.

 

Me extrañó su actitud al final de la visita, su aflicción, sus palabras, me quedé un tanto desconcertado………… un poco más  de un mes después D. Antonio María murió, es decir su enfermedad, que yo ignoraba y que  él me ocultó y  que no me transmitió, ya le estaba avisando.   Gracias D. Antonio María por el regalo de su cariño a mi persona, a mi familia y a todos los herreños.

 

Pronto tendrá D. Antonio María una calle con su nombre en San Andrés  y allí estaremos todos acompañándole  como Vd. se merece.

 

 

 

 

 

 

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