MI ABRIGO NEGRO por MELVIN ZAMORANO

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Mi abrigo está impregnado de energía, es negro, tiene entretelas de algodón que producen calor, su forro térmico e impermeable, me protege todos los días. No sé como llegó a mis manos, solo sé que su precio era muy módico.  Dormía con él cuando me contagié de una derivada de la gripe A. Salía con él cuando hacía mucho frío y me protegía enormemente durante mis convalecencias, tanto me lo vieron puesto, incluso cuando comenzó a estropearse, que llegaron a tildarme de andrajoso, de poco cuidado de mi aspecto personal. Iba a caminar con él, y los días ventosos del inverno me acompañó a mis trabajos al aire libre y llegó a ser mi segunda piel. Mi familia se enfada cuando me lo pongo, quieren que lo jubile (por el qué dirán), pero yo lo considero mi cuerpo,  mi enjugador de lágrimas, el calor de amor que a veces me ha faltado, la caricia sentimental, testigo de mi vida diaria, compañero de mis momentos tristes de bajona total, y la tibieza que me sigue abrazando segundo a segundo.  Es una simple tela, más yo veo en su contacto la mano de un ángel, el suspiro reconforte de Dios,  lo quiero y siempre, sus jirones y sus restos permanecerán conmigo.

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