LA ACTITUD DE ESPERA por MARÍA JOSÉ NAVARRO

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La actitud de espera conduce a ataduras

 

Las personas no deberíamos exigir de nuestros semejantes aquello que nosotros mismos no estamos dispuestos a dar. “Cuando esperéis algo de vuestro prójimo, que él debe hacer para vuestro beneficio, haceos la pregunta: ¿por qué no lo hago yo mismo? Quien por ejemplo espera de su prójimo dinero y bienes para que él mismo, que está en la comodidad, no tenga que trabajar, o quien espera fidelidad de su prójimo sin ser el mismo fiel, o quien aunque desea ser aceptado y acogido por su prójimo, no acepta ni acoge él mismo a sus semejantes, ése es egocéntrico y pobre en el espíritu”.

Cualquier cosa que exijamos de nuestro prójimo es algo que no poseemos en el corazón. Es ilegítimo que por una actitud de espera se coaccione a los semejantes a realizar actos, declaraciones o comportamientos que por sí mismos no estarían dispuestos a hacer. “Cuando reconozcas tu actitud de espera en tus deseos para con tu prójimo, da rápidamente la vuelta y haz primero tú mismo lo que exiges de él. Pues cada coacción es una presión que a la vez produce coacción y contrapresión. Con tal comportamiento chantajista para con tu prójimo te atas a él y te haces tanto a ti mismo como a la persona que se dejó chantajear, esclavo de la baja naturaleza. Tales métodos de coacción como, por ejemplo “yo espero de ti y tú esperas de mí”, es decir que cada uno da al otro lo que éste le exige, llevan a ataduras. Y lo que está atado no tiene lugar en el Cielo. Esto significa que los dos que se han atado recíprocamente, volverán a encontrarse algún día, ya sea en una nueva encarnación o bien como almas en los planos de purificación.

 

Mª José Navarro

De la publicación: “El Sermón de la Montaña”

www.editorialgabriele.com

 

 

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