Mi grillo se llama Heráclito por Melvin Zamorano

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En un día monótono y sombrío, apareció Heráclito: Pequeñín, expectante y violinista nocturno, que convirtió mi apartamento en una noche de acampada y estrepitosos sonidos de la naturaleza. Lejos de molestarme, me dormí plácidamente y después de la fase Rem, despertaba y me daba la vuelta en medio del bosquecillo de mesas, armarios, cortinas y percheros; oyendo entre sábanas y edredones sus cri-cri en clave de Sol, de Fa y de Mi. Y quería recordar, el primer día que entró volando por la ventana, no entiendo  como apareció sorteando al gato y otros obstáculos.

Le puse cascaritas de pera y de tomate; comió y se aletargó abollado. Le busqué lo más parecido a una jaula de grillos, para sacarlo de casa y protegerlo cuando llegue el verano de  los insecticidas que se usan,  contra las moscas, hormigas y cucarachas invasoras.

Cuando era niño, mi abuela me contaba que en Madrid, se vendían grillos que orquestaban los balcones en las noches de verano.  A veces vendían sólo las jaulitas.

Heráclito, se escapó a través de la malla improvisada, encontró su anterior escondrijo y siguió comiendo pera. Ahora tiene una casa grande y es como un hotel para grillos. ¡A ver que pasa!

Prefiero mirar al grillo mientras escribo, que cualquier otro hoby. Él me observa y me analiza, yo lo amo y le puse Heráclito por su inteligencia. Espero que esta historia de amor no tenga final…

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