“MEDEA” ¡¡¡Vuelve ÁFRICA BARBAS!!!

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MEDEA

Últimamente, debo reconocer que el panorama social me desconcierta más que nunca. Y es que ahora, nos proclamamos abiertos de miras, tolerantes, nos jactamos de lo terriblemente “progre” que somos, tanto en redes sociales como en conversaciones informales, en las que intentamos destacar con frases estándarizadas y aburridas que rescatamos de informativos y programas del corazón.

Pero yo no creo que hayamos cambiado tanto, siglos de luchas y sacrificios por alcanzar un grado de civilización mínimamente digna, se ven ridiculizados cuando miramos las cifras relativas al bully el bullying escolar y al mobbing laboral. El acoso aumenta cada día en sus versiones real y virtual.

En esos momentos, en los que me entristece tanta barbarie recuerdo a personajes históricos que han luchado por el enriquecimiento intelectual, cultural y conductual de los seres humanos, personas que vale la pena celebrar, aunque pertenezcan al pasado. Por eso hoy, querido lector, me gustaría confesarte que en la intimidad, donde no me pueden llamar “elitista” o “friki” me recreo en recordar frases que marcan, como la de Federica Montseny, la primera ministra que tuvo España, y de las primeras en Europa, quien decía semanas antes de morir que había querido muchísimo al compañero de su vida por haberle dado siempre un amor “totalmente generoso y desinteresado”. Nunca se casaron aunque tuvieron y se quisieron hasta el final de sus días.

Y esto me hace pensar, que para ser moral y sano emocionalmente, para ser feliz no hace falta recurrir al postureo del convencionalismo. Por eso, todos los días celebro a aquellas personas que quieren ser libres y ellas mismas sin que sea en detrimento de otros. Por eso querido lector, celebro a las mujeres que se ayudan entre ellas, que no compiten, que no se traicionan y no se hunden entre ellas, porque significa que se sienten dignas. Saben que son suficiente para aportar al mundo, y no le quitan nada a nadie, ni nadie les quita nada a ellas.

Me da pena, mucha pena, que haya mujeres que alcancen el poder y que quieran cada vez beber más de éste, no para ayudar a los demás, sino para aislarse y podrirse entre los límites de este mismo.
Ejemplo de esto, son todas aquellas mujeres, que despiden, aislan y denigran sin razón a otras mujeres, sólo por el hecho de valer como seres humanos, y se rodean sin embargo, de la escoria más torpe y corta de miras que puedan encontrar a su alrededor sólo para no sentir su propia inseguridad de mediocre ser humano, amenazada.

Qué lamentable, que hayan muerto tantas mujeres en la historia, para que a día de hoy las mismas mujeres, ciertas “gallinaceas”, sigan sin hermanarse con su propio sexo. Qué pena, que se sientan otra cosa, que se sientan alienadas en su complejo y no se sientan amigas de hombres y mujeres. Una sociedad igualitaria, sana y feliz, se construye cuando hombres y mujeres educan a hombres y mujeres, no para que se sientan como “los otros” como decía Simone de Beauvoir, víctimas de un abuso callado y amordazado, sino para sentirse iguales, hermanos, amigos, compañeros, que practican el compartir generoso y desinteresado.

Por eso, ser un buen hombre o buena mujer, ya no se trata de ser liberal, feminista o cualquier etiqueta que te quieras colgar, ser buen hombre o buena mujer, es ser moral, y no vivir de la zancadilla, de la humillación, de la treta y de la estrategia sucia. Ser un buen ser humano no depende de lo que tengas en la entrepierna y de lo que negocies con ello. Se trata, precisamente de que tu paso por el mundo, seas hombre o mujer, enseñe a los demás a ser libres y ser felices con lo que son; seres humanos y nada más.

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