EL AUTOBÚS .-MICRO RELATO Por Pino Naranjo

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EL AUTOBÚS   1ª parte por Pino Naranjo

AUTORA PROLÍFICA DE VARIOS ESTILOS
PINO RETRATO

 

Cada mañana lo mismo, a las cinco suena el despertador, luego todo corriendo hasta la parada. El conductor no dice ni una palabra, yo tampoco, escucha la radio.

El autobús se pone en marcha, son las seis menos cuarto de un día frío de invierno, no sé más, ni que día, ni que año, eso sí, es invierno y está oscuro.

Me siento, pongo las rodillas en el espaldar de la butaca delantera, voy cómodo. Se pone en marcha, no hay más viajeros. A esta hora las paradas obligadas están vacías hasta llegar al aeropuerto, ahí sí hay gente

Entra un hombre con barba negra abundante, viste chilaba musulmana que esconde una prominente barriga, suda mucho, aun con el frío suda copiosamente, las manos le tiemblan cuando intenta meter el bono bus en la máquina de fichar. Luego, con paso apresurado se va hacia el fondo.

Detrás, una mujer de unos sesenta años, con un traje ajustadísimo que apenas le tapa las posaderas abundantes y flojas, pelo muy corto decolorado, labios pintados de rojo semáforo, esperpéntica, probablemente una prostituta de polvos urgentes en los urinarios de aeropuertos. La mujer camina con las piernas separadas, esta noche sin duda ha tenido trabajo, se sienta en la primera butaca, demasiado cansada para dar un paso más.

Un mochilero con aspecto de yonki, ojos saltones echa un vistazo rápido a los viajeros.

La cola sigue, ahora entran un grupo de curas, uno lleva una revista cuya portada exhibe unos niñitos negros desnudos de alguna aldea pobre de África. Ellos los salvadores.

Empiezo a sudar, se ponen detrás de mí, me molesta oírlos, me cambio de asiento, dos más adelante.

Sigue el chorreo de personajes patéticos, cuatro, no, cinco cabezas rapadas, enseñando esvásticas, fichan y comienzan a dar voces, insultando, amenazantes, demasiado ruido para tan temprano, la cabeza me empieza a doler, estos chicos todavía huelen a pañales meados y ya están dando la vara..

– ¡O se están calladitos, o bajan todos!, ¿entendido?

Le hacen caso al chófer.

Me pongo en el asiento pegado al pasillo, no quiero tener nadie al lado.

Entra una pareja de adúlteros una escapadita de fin de semana, sin duda, demasiado acaramelados, él, unos cincuenta años, ella unos treinta, los tengo delante de mí, se meten mano como pueden, no les ha bastado el viajecito prohibido, es repulsivo escuchar sus jadeos ahogados, me levanto y busco otro asiento, habrá alguien llorando desamor por estos dos imbéciles.

Ahora veo a la prostituta del primer asiento, me molesta, está dormida, eso no me molesta tanto. Así quietita está mejor, casi parece muerta, mucho mejor.

El autobús se pone en marcha y zarandea a la puta hasta despertarla.

Por primera vez sonrío al escuchar como los jóvenes se meten con el terrorista musulmán, el conductor mira por el espejo retrovisor y sonríe también.

– Chicos pregunten que lleva debajo de la chilaba,- me dan ganas de decirles -¡juntitos muy valientes eh!

Fuera no se ve nada, la niebla envuelve todo, casi tengo sueño, me deleito pensando en el celador, su mirada suplicante cuando le apreté el gaznate con toda mi fuerza, le iba susurrando al oído porque quería alargar el placer que estaba sintiendo al matarlo.

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