PUER-PUERI CAPITULO 10

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El encorsetamiento, la rivalidad entre alumanas, ya que recibíamos una educación y formación, basadas en la competitividad, además de un retraimiento propio de las gentes de ambientes poco naturales, como la ciudad, sin el esparcimiento saludable que poseen los niños en ambientes rurales; el hecho de pertenecer al grupo social más clasista y otros envaramientos relacionados con ser «de buena familia» como la práctica litúrgica de la religión, la decencia (que más bien era la hipocresía y la ocultación) etc., hacía que yo no pudiera acceder a muchas amistades. Ocurría que lo más fácil, era que al sentir afinidad por alguna compañera y ser conocida ésta por otras amigas comunes o por familiares, facilitara formar un lazo amistoso, pero si a eso se le añade, que al salir del colegio, (dos veces al ir y dos al venir, por ser jornada escolar partida) teníamos la misma ruta hacia el hogar, pues la rutina diaria como era lógico,acercara durante el recorrido a dos amigas que «cotorreaban, y correteaban» intercambiándonos todo tipo de anécdotas, en medio de carcajadas o «seriedades» propias de la edad puer-pueri. Íbamos por los 9 años.

Yo encontré varias amigas durante mis trayectos, recreos y fiestas del colegio. A veces me tocaban sitios al lado de ellas en clase, lo que aumentaba la complicidad.

Cuando unas puer-pueri (s) se encuentran con afinidades comunes, comienzan una cantidad enorme de alegatos, comentarios, críticas, burlas e incluso desahogos ante los normales «disgustillos» que nos acontecían en la clase y que casi siempre nos los originaban las profesoras…ya saben, regaños, bajadas en la calificación, reprimendas varias, etc, etc.., Lo diseccionábamos todo, no dejando títere con cabeza y tamizando todo lo que nos acontecía o se nos pasaba por la cabeza.

Con la más que me divertía era con Beatriz, una niña de pelo y ojos castaños, cuya inteligencia se adornaba con un sentido del humor y un «marisabidillismo» que hacía reir, pues uno no podía imaginarse que tras esa cara de niña se escondiera una intuición y unas apreciaciones «certeras» no dando crédito al contemplar a «un ser adulto» dentro de un cuerpecillo etéreo y casi angelical…por no decir ingenuo. Parecía haber nacido enseñada. Una de sus características era que cuando hacía alguna «travesura», aceptaba la reprimenda, conociendo como si hubiera nacido aventajada en toda norma,  la penitencia, la moraleja o la enseñanza y las repercusiones de si no se volvía «al redil»,haciendo que no volviera a pisar la misma piedra o cometer el mismo error, pues eso y el ingenio, es lo más revelador de la inteligencia superior en una niña. Así que ahí comenzaron nuestras charlas y el poder salir del aislamiento en cambios de hora, recreos, e incluso compartir  con otras amigas las salidas al cine, al parque, a los carritos vendedores de golosinas, paseos por la rambla para lucir nuestros «zapatos nuevos» y otros complementos de última moda, que tanto ilusionaban a las niñas de nuestra edad.

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