EL ZARANDAJO SORRABALLADOR por MELVIN ZAMORANO

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CZA9gdcWUAAfLsVLa palabra o verbo sorraballar, no está en el diccionario, es un canarismo cuyo origen sitúa, mi amigo el profesor, en Gran Canaria. Sin embargo,  yo oía, en mi tierna infancia, a mi abuela en Tenerife, otra isla, copiar de las empleadas del hogar la palabreja, cuando el suelo quedaba mal fregado decían quedó sorraballado. Y como no está el término en el diccionario, pues puedes escribirlo mal, con b, con v, con ll o con y, da igual, en resumidas cuentas, lo que importa es el personaje.

En la comunidad de vecinos:

No le gusta vivir en comunidad. Solo la usa para amargarle la vida al prójimo. Espera a que crezcan los árboles del jardín, ¡sí! esos que tienen las copas llenas de flores rojas en verano, que le dan un toque aristocrático, al jardín que rodea a un edificio vulgar y feo, diseñado por un descerebrado arquitecto, que no supo hacer nada mejor, con el presupuesto escaso que le asignaron. Pues bien, el zarandajo se dispone a sorraballar. Esperó a que los árboles estuviesen grandecitos y cuando más fresco y sombra daban, el zarandajo va por primera vez a las reuniones, para convencer a los usuarios de la comunidad, de que las raíces van a levantar el suelo, de que sus flores le dan alergia y que la zarandaja que duerme con él, dice, que esa especie de planta trae  mala suerte porque a ellos les va mal.

Pasa un poco de tiempo y el zarandajo que tiene un ojo sádico y otro de llantina, se le antoja que hay que envenenar a los gatos, que ellos mismos, los vecinos, criaron en la calle, porque le molestan. Más tarde se descubre que su verdadera intención era hacer llorar a las viejecitas que les daban de comer.

El sarandajo no lee, ni se cultiva con nada, así que lleva la contabilidad de las chicas que se dan el lote en los portales y luego se despiden de su novio.

Como sus hijos son zarandajitos y él está muy ocupado zarandajeando, no los educa bien y más le valiera morirse cuando esos zánganos empiecen a crecer.

El zarandajo tiene un «ego» que se lo pisa, siempre está dando opiniones, lecciones… y si alguien habla algo que le hiere la fibra, pues se le antoja que las palabras iban dirigidas a él, y ¡agüíta!. Comienza a vociferar amenazando y chillando e insultando hasta que un «macho» con dos cojones, le dice que le va a partir la cara.

La esposa o lo que sea del zarandajo, tiene cara de amargada, pues casi que lo está manteniendo, porque a él lo echan de todos los trabajos.

A veces se oyen gritos por la ventana y es ella, diciendo que él la va a matar, que no quiere quedarse embarazada otra vez…

Envidia cualquier cosa, el zarandajo vive asomado en la ventana, sufre y palidece con las adquisiciones y los éxitos de los demás.

Lo más que le gusta es denunciar a los vecinos, pero siempre termina pagando las costas y los vecinos absueltos…

El zarandajo tiene una escopeta vieja que le regalaron y dispara a tórtolas y pajarillos, pero como es idiota, un día le alojó un balinazo al capó del mercedes del cuarto A y terminaron  viniendo las fuerzas del orden, lo pasó muy mal…
¡Ay, Dios cuide al zarandajo!, pero que lo aleje lo más posible de mí!

¡Ah y tengan cuidado, están en todas partes!, como los que buscan La Fanta en verano.

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