MI LIBERTAD por CARLOS GAVILÁN

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CcXk2A6W8AAYuM0Generalizas, das libertad a tus ideas, expresas tus sentimientos sobre un mapa humano-social y mantienes un diálogo con ellos. Pero también sabes que ese modo de vivir precisa de núcleos de estabilidad personal para poder mantener un modo de pensar y de sentir diferente. Un sí mismo libre de la abrumadora influencia de una humanidad que en muchas ocasiones se comporta de forma intrusiva y cosificadora, lo que te permite abrir nuevas maneras de pensar y percibir el mundo. Mi mayor deseo es tener una vida interior rica y una imagen propia de mí mismo, lo que te convierte, hasta cierto punto, en un soñador.

SOCIALIZACIÓN DEL HOMBRE

José Ortega y Gasset

Desde mediados del siglo último se advierte en Europa una progresiva publicación de la vida. En los últimos años ha avanzado vertiginosamente. La existencia privada, oculta o solitaria, cerrada al público, al gentío, a los demás, va siendo cada vez más difícil.

Este hecho toma, por de pronto, caracteres corpóreos. El ruido de la calle. La calle se ha vuelto estentórea. Una de las franquías mínimas que antes gozaba el hombre era el silencio. El derecho a ciertas dosis de silencio, anulado… El que quiera meditar, recogerse en sí, tiene que habituarse a hacerlo sumergido en el estruendo público, buzo en océano de ruidos colectivos. Materialmente no se deja al hombre estar solo, estar consigo. Quiera o no, tiene que estar con los demás. La gran vía y la plazuela rezuman su alboroto anónimo a través de los muros domésticos…

La socialización del hombre es una faena pavorosa. Porque no se contenta con exigirme que lo mío sea para los demás –propósito excelente que no me causa enojo alguno-, sino que me obliga a que lo de los demás sea mío. Por ejemplo: a que yo adopte las ideas y los gustos de los demás, de todos. Prohibido todo aparte, toda propiedad privada, incluso esa de tener convicciones para uso exclusivo de cada uno… La Prensa se cree con derecho a publicar nuestra vida privada, a juzgarla, a sentenciarla. El Poder público nos fuerza a dar cada día mayor cantidad de nuestra existencia a la sociedad… Ahora, por lo visto, vuelven muchos hombres a sentir nostalgia del rebaño. Se entregan con pasión a lo que en ellos había aún de ovejas. Quieren marchar por la vida bien juntos, en ruta colectiva, lana contra lana y la cabeza caída…

El odio al liberalismo no procede de otra fuente. Porque el liberalismo, antes que una cuestión de más o menos en política, es una idea radical sobre la vida: es creer que cada ser humano debe quedar franco para henchir su individual e intransferible destino.

Agosto de 1930. El espectador

Mi libertad

Describo mi situación del mismo modo que analizaría el entorno en el que me muevo, a través de una calle angosta, adoquinada de piedras y vegetación. Es una calle misteriosa, enigmática, perdida, apartada y solitaria, con fachadas abandonadas, tapiadas y tristes. Una huracanada neblina se apodera de todo en un instante dejando pasar a su través un rayo de luz en las primeras horas de la mañana. Es una calle silenciosa que no parece tener ni principio ni fin, estoy de pie, quieto, a mi alrededor no veo a nadie, no entiendo nada, no puedo explicarme esta situación, me siento atrapado, no lo comprendo; a lo lejos observo a varias personas que no logro distinguir, caminan en grupo y parecen muy seguros de sí mismos, supongo que al menos saben dónde van, yo ignoro si es mejor avanzar o retroceder, tengo que tomar una decisión porque pasa el tiempo y comienzo a sentir frío, probablemente seguir avanzando sea lo correcto aunque no entendamos nada.

Repetir esta situación desde hace tanto tiempo, implica tomar decisiones que nos ayuden a mantener viva la esperanza en un mundo de heteronomías, de sociedades complejas que no tienen definición. Tome la decisión de seguir caminando mientras me quedaran fuerzas, la luz se alejaba lentamente y yo me encontraba más próximo a la oscuridad, sentía el temor de perderme cuando ya no fuera posible ver nada, pero al mismo tiempo pensaba que no era necesario correr, que en la vida siempre, siempre se llega tarde.

Al final de esa calle, me encontré en lo absolutamente otro, estaba sobre una cima con dos caminos, uno descendía hacia el abismo del mundo real, al caos; el otro ascendía hacia una luz de la que ya no se regresa. Como un guerrero casi vencido por la fatiga continué mi andadura, tenía la certeza de que sería libre cuando alcanzara mi objetivo, y de que ya no habría más calles silenciosas. Me arrepentía de aspectos reprochables de mi vida pasada, y hacía reflexiones sobre mi vida dañada, me preguntaba ¿Qué debía hacer con el tiempo que durara mi vida?, decidí continuar con aquellos procederes en los que pudiera reconocerme sin vergüenza, sintiendo autocomprensión sobre como quisiera ser y como quisiera que me reconocieran los demás. Esta distinción no era fruto de la arbitrariedad, debía ser mi propio redactor, un redactor responsable frente al orden de las cosas en que vivo, responsable frente a Dios, convencido de que todo había surgido de mis propias fuerzas.

Grandes palabras como verdad, mundo, realidad, llegaron a mi conciencia. Compleja maquinación que se cierne sobre los pobres habitantes, que en muchos casos son arrastrados por la vida y que actúan siguiendo unos hábitos adquiridos que son completamente inconscientes. Cuando voy por estas calles me doy de codos para entrar en el autobús y así poder llegar a tiempo al trabajo, soy rival, soy un individuo más que tiene que ganarse el potaje, un superviviente de la violencia urbana, por supuesto que así no es posible ser libre. Por la noche, de regreso a casa, cierro la puerta, y entro en mi territorio de neutralidad, de ecuanimidad, me exijo recogerme y desligarme de las dependencias de un entorno abrumador para ser consciente de mi individualidad y libertad. Emancipándome de la autoinflingida cosificación, ganando al mismo tiempo distancia al sí mismo, recuperándome de la anónima dispersión de una vida sin respiro y fragmentada, dando así continuidad y transparencia a mi propia vida. Intento asumir la responsabilidad de mis propias acciones estableciendo lazos vinculantes con los demás, y entonces, comienzo a hacer las cosas como yo siento que se deben de hacer, viéndome a mí mismo tal como soy, uno decide, elige de una manera consciente. Al final de lo que se trata es de ser un poco más consciente de uno mismo, de establecer un orden en un mundo desordenado, y esa es mi libertad.

 

5 Comentarios

  1. Interesante reflexión, Dr. Gavilán. Hace tiempo que despejé las incognitas sobre mis decisiones, mis miedos, y dejé atrás las dudas sobre qué sendero recorrer. La libertad individual, mi libertad, como usted plantea en su fabuloso y bien documentado escrito, ha consistido para mí, en dialogar con mucho cariño con mi «yo» más oculto, para llegar a la conclusión de que mis deseos y mis ambiciones personales, estan en consonancia con los deseos de mi creador y Él conmigo y yo con Él, hemos llegado a disfrutar mucho juntos, sobre todo cuando se ha tratado de diseñar, mi presente y mi futuro, en cuanto a mi relación de amor establecida en la obediencia hacia Él y el saber oir sus mensajes.
    Poseo la hiperestesia del caballo que intenta agradar a su amo y juntos recorren «alados» la verde pradera que nos hace reposar. Gracias por darme la oportunidad de expresar a través del incentivo que ha provocado en mí, su interesantísimo escrito publicado aquí, hoy, en nuestro humilde periodico – blog.

    • Muy buen punto de vista. Tanto de uno como de otro.
      Quizá lo más bello de la libertad, es descubrir en secreto y en silencio, que ésta misma, como el amor y la bondad de espíritu, se encuentra siempre en los rincones más humildes, en los espacios y tiempos más pequeños y en las decisiones más calladas.
      Las leyes de la naturaleza nos imponen como condición de superviviencia, la paradoja como forma de vida, el sinsentido del encuentro repetitivo con una sociedad deshumanizada que siempre lo fue. Quizá sólo seamos libres para intentar ser mejores desde dentro, trascender mediante el aprendizaje de la vida misma nuestras limitaciones y la de los demás, quizá la libertad interior y exterior se forje solo con el esfuerzo y sacrificio. Sea lo que sea, no existe libertad más deliciosa que la de dedicarnos en cuerpo y alma a ser felices con el camino que nos toca recorrer.

      • Me quedo con su última y preciosa frase: «Sea lo que sea, no existe libertad más deliciosa que la de dedicarnos en cuerpo y alma a ser felices con el camino que nos toca recorrer». Para mí eso lo resume todo.
        Muchas gracias por leer el artículo.

  2. COMENTARIO DE MI HIJA JULIA:

    Libertad es levantarte y poder bailar con los pies descalzos sobre el frío mármol. Salir a la calle vestido de una forma extravagante sin pensar en el qué dirán. Libertad es poder cantar en la ducha, soltarte el pelo o elegir si salir o no salir a la calle un día soleado. Libertad es comprarte un dulce porque te apetece, o pasear sin prisa por el parque mientras escuchas el mecer de los árboles y observas a los pájaros. La soñada por muchos “libertad de los pájaros”. Y yo me pregunto: “¿Por qué ellos han de ser más libres que nosotros? ¿Por poder volar? ¿De verdad hay que volar para ser libres de verdad?” Sin darnos cuenta hemos asociado el término “libertad” con la huida, con el ansiado escape de este ruidoso mundo que nos hunde lentamente en su caos, como unas arenas movedizas en las que nos sumergimos irremediablemente con la impotencia de querer salir. Salir. Y es que ahí está la clave. Fuera del caos es donde está eso que llevamos buscando tanto tiempo, y llegar hasta ello es más fácil de lo que uno nunca podría imaginar. Yo me siento libre al bailar, porque me permite abstraerme de la realidad, porque puedo y porque me da la gana. Yo me siento libre al salir a la calle vestido como quiero mostrándome como realmente soy, porque no tengo nada que ocultar. Yo me siento libre al cantar mientras siento las gotas de agua de la ducha resbalar sobre mi piel, mientras siento el pelo caer sobre mis hombros, mientras dudo si vestirme o no para salir a la calle, porque puedo elegir, y porque me da la gana. Yo me compro un dulce, un bollo, o un helado porque me apetece, ¿acaso eso es un crimen? No, eso es libertad. Y no digo que libertad sea sinónimo de “hacer lo que me apetece”, ni mucho menos. Para mí, libertad es sinónimo de algo más importante, algo que ese mundo ruidoso, esas arenas movedizas de las que hablaba antes en ocasiones nos olvida otorgar. Yo soy libre cuando me puedo expresar. Y es que en eso consiste la vida. Un baile, un gesto, un comentario, una sonrisa. Analicemos, y démonos cuenta de que quizás somos más libres de lo que pensamos. Ir o no ir a la fiesta, comer o no comer todo el plato, fregar o no fregar ahora la losa, dar o no dar un beso a tus padres. Tenemos la oportunidad de elegir, de expresar lo que sentimos y lo que somos. Y son esas pequeñas y grandes oportunidades las que conforman esa quizás no tanto abstracta libertad.

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