EL ACOMPAÑANTE por MELVIN ZAMORANO

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¡Cuidado con el acompañante!. Cuando el personal de un centro sanitario cualquiera, ya sea público o privado, se tropieza con un enfermo, que es acompañado fervientemente por alguien que le ama, debe ponerse en guardia. Debe programarse para no meter la pata, o seguir esos cursos intensivos que están tan de moda, de un «mejor atendimiento al público» y además progresar adecuadamente.

Pues bien, cuando un enfermo trae un acompañante, o un acompañante trae un enfermo, debe el personal sanitario en cuestión, encender el botón de la atención sostenida…y los mejores modales, porque ese individuo custodiador, puede salir rana.

Lo normal es que el acompañante sea un vecino, un cuñado, pero ¡por Dios!, imagínese que ese enfermo es escoltado por alguien familiar o nó, que le adora y compadece infinitamente. Se considera sus ojos y su cerebro. Tiene conciencia de ser sus oídos y su boca, y para más inri, goza de buena cultura y buen índice de conocimiento.¡Cuidado!, cualquier falta de información o de delicadeza en el trato, mediocre pericia o un mal gesto, un diagnóstico alejado de lo correcto, son observados con rigor por este improvisado «guardaespaldas» lleno de plétora y al cien por cien de sus facultades.

Usted, querido funcionario, o usted, médico, quizás a.t.s., o usted celador, lo van a tener muy crudo.Tales personas aparecen en un escaso porcentaje, las probabilidades de encontrarse con uno de ellos es escasa, pues es un individuo verdaderamente superior.  De esos que se entregan afectivamente y comprometen su responsabilidad en cuerpo y alma.

Por si fuera poco poseen memoria de ordenador, y a veces el defecto que lleva implícito la eficacia probada, que no es otro que el mal humor que desencadena y la impaciencia.

Dispuesto a presentar todo tipo de reclamaciones, posee una lengua afilada de buenas facultades linguístico-expresivas.

Seguro de sí mismo, y amando profundamente a ese ser caído por la enfermedad, le ofrece su total protección con todo el celo del mundo, va cargado de buena pasión. Es buen hijo o buen marido, y por qué nó, hasta un buen amigo si cabe, y lo peor: está dispuesto/a a todo. No golpea con la mano, pero sabe defenderse con armas muy sofisticadas, puede perder el control también, ya que es humano cbbboqmwwaaawni y «errare, humanum est». Conoce las leyes y los reglamentos, detecta con finísimo olfato la mala gana, los complejos y deficiencias del «endiosado» profesional de turno…Su amor es intenso y desmedido…¡Cuidado con el acompañante!

Por Melvin Zamorano

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