LOS ESPECTROS DEL EGOÍSMO por MELVIN ZAMORANO

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descarga-3Siempre pensé que la gente no cambiaba demasiado deprisa, pero yo he asistido a transformaciones vertiginosas, que han hecho mutar a innumerables personas, de tal manera, que ya ni se reconocen. Sólo los auténticos superan las ganas de evadirse del planeta, de lanzarse desde trampolines abismales o de no volver a despertar. Los débiles han enfermado o simplemente ya no están. Los fuertes han puesto a funcionar su propio plan X, algo así como un plan B, pero improvisado, para seguir aferrados a la existencia. Tambien están los que se adaptan con estoicismo, pero en ellos afloran unos pensamientos indignos: -Si yo estuviera en su lugar. O, -¡quién fuera él/ella!. -¿Por qué lo he perdido todo, si a mí la suerte siempre me había sonreído?.

Es dificil adaptarse ante las catástrofes naturales, o las guerras que se llevan una parte de tu vida. Más complicado aún, lo es vencer una enfermedad de las malas, pero casi imposible de salir hacia adelante, cuando unas fuerzas externas y desconocidas,  cierran todas las puertas y ventanas, porque todo el escenario de baile es un grotesco danzar, de máscaras insensibles que no aportan ni un grado de veracidad, ni un cálido contacto. Alrrededor, las imágenes,  atestiguan el  mundo que habíamos conocido y sin embargo, se vislumbra como todo se desvanece…, se aleja de las propias manos. Los seres humanos se convierten para ellos mismos, en unos espectros fantasmales que pululan sin proyectos ni deseos, sin ningún punto real de conexión, como si llegáramos de un lugar desconocido.  Todo se escapa ante nuestros ojos.. El amor, la felicidad, la familia, los amigos. Ya no se accede a lo elemental. Los tan necesarios descarga-2víveres, el confort, los derechos a poderse instalar en el mundo del arte,  de la cultura, de la tecnología, de la información, del bienestar, del trabajo digno,  de los medios de transporte, …en fin adiós a un mundo, aquel que conocimos, ¿donde está?

Pasan los días y los buenos se refugian en los íntegramente bondadosos, los imprescindibles amparan a todos los que pueden, pero siempre se quedan aislados, los que no comprenden lo que pasa, o lo que ocurrió. Solo ven sus manos vacías, no tienen empuje para luchar, y se van apagando ante las muestras de desamor y la indiferencia. Otros con más instinto animal, te enseñan los dientes como los perros apaleados, te miran con un desdén de teatro, para que no adivines su infierno.

Algunos han perdido las ganas de saludar, han olvidado cómo se sonríe limpiamente, sin forzar las comisuras. Otros han comenzado a practicar el deporte verdoso y putrefacto de la humillación hacia los prójimos, las peleas sin motivo, la agresividad sin causa, el rechazo absoluto al progreso del vecino.

Ya no se socorre, se evitan los encuentros. La conversación amable se cambia por la actitud de la vieja del visillo. El propio malestar se intenta proyectar hacia «tú tienes la culpa» o todos nos quedamos con la sensación de que les debemos algo.

Necesita la nación que se exterminen los egoísmos, que los de personalidad más frágil, recuperen la dignidad -que a lo peor, antes tampoco tenían-, pero que tanto los que practicaban la falsedad con ellos mismos y con sus allegados, como los que siguen en la lucha de llevar la sociedad hacia un entorno más solidario y habitable, consigan eliminar esa dimensión de pesadilla nublada, llena de miedo y de terror disimulados, y se afiancen en lo que todo lo renueva, todo lo cambia, lo ilumina de colorido, y le devuelve el respeto por sí mismo al ser humano, para que pueda iniciarse en la evolución más íntegra, más a su «imagen y semejanza» eso es sencillamente la Fe.

MELVIN ZAMORANO

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