EL TIRANO Y EL POETA por ÁFRICA BARBAS

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J. W. Goethe pensaba que “El hombre sordo a la voz de la poesía, es un bárbaro”, y salvajes, ignorantes, inexpresivos, bárbaros y zafios nos quieren ahora, porque conviene.

Conviene, y conviene mucho, que maestros, médicos, políticos, agricultores, mecánicos y demás profesionales que construyen un país y una sociedad, sean cuanto más vulgares mejor, que no haya nada de excelente en ellos, que se ciñan al mero procedimiento frío, deshumanizador, estereotipado, del “con lo justo tiramos” y “ande yo caliente, ríase la gente”, porque comprometerse con lo correcto, siempre cuesta, y eso, no gusta. En la sociedad de “lo quiero todo y lo quiero ahora”, no cabe el compromiso con lo correcto, con lo bien hecho, con la conciencia limpia.

E insisto, no convienen las iniciativas individuales, las conciencias y actitudes pluralistas y autocríticas, como tampoco conviene que seamos buenos lectores, que tengamos cultura, ni que seamos curiosos, ni perfeccionistas, porque alguna idea creativa, alguna pregunta filosófica, o alguna conciencia divergente, podría empañar los planes de algún adicto al poder o al “bizcochito suave” repartido entre unos pocos.

El silencio represivo, la indiferencia prepotente y la violencia psicológica , son los ridículas estrategias del que juega en su cuarto con muñecas a ser el “gran dictador”, la uniformidad y la sosería son sus vestimentas.

De todo el que tenga un poquito de sentido común, es sabido que el poder, efímero, como la juventud o como la arena, siempre se escapa entre los dedos, envilece siempre a los que lo ostentan, por miedo a perderlo, y además lo enloquece, porque la paranoia y el temor a la conspiración le hace desconfiar de todo y todos, reduciendo así, el círculo donde se mueve hasta que acaba estrangulado por ese mismo.

Y es cierto, que el poder se pierde rápido, tan rápido como a veces llega, y dura lo que dura la felicidad de aquellos que te lo han proporcionado. El que no se recrea, en las oportunidades para todos, el que no escucha a todos aunque no le guste lo que oiga, termina como Alejandro Magno, sólo, enfermo y borracho, dueño de medio mundo pero siempre sin un hogar al que regresar.

El que no ha ejercido el poder con moral, con madurez, con responsabilidad, con conciencia de la fecha de caducidad del cargo…. termina dejando una estela maloliente tras de sí, rebufo que lo acompañará de camino a casa.

Desde luego, nadie ha sido ni buen maestro, ni médico, ni agricultor, ni mecánico, ni político sin tener alma de poeta. Y es que el poeta, “con el martillo y cincel” de la palabra, reflexiona profundamente sobre lo emocional y lo moral, sobre la importancia de cada persona, de cada acción y de cada experiencia, dibujando con acierto lo que de verdad nos hace humanos. El poeta suma, incluye, comparte y diversifica porque para él, es precisamente el milagro de la diferencia, lo que de verdad importa, y yo pienso del poder, como Vicente Aledescarga (17)xandre de la poesía; “la poesía si no es humana, no es poesía”.

1 Comentario

  1. Muy buen artículo, no añado ni quito, solo felicito a su autora. Una profunda y sabia reflexión sobre el poder y su influencia en el ser humano como si a la postre se obviara que todos somos mortales y que la última camisa no lleva bolsillo, sino los actos que nos definen.

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