UN VERANO BLANCO Y ROJO EN EL HIERRO por ÁFRICA BARBAS

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Enrique Tapia Bajada 2017 (8)Un verano blanco y rojo en El Hierro.

El 1 de Julio inaugura un verano ansiado por el pueblo herreño, guiado por el murmullo de la plegaria, la devoción y la rendición de culto. La Virgen de los Reyes, de magnánimo rostro y milagrosa historia, reúne bajo su manto divino con igualitario amor y piedad a todos sus fieles, tanto foráneos como isleños, tanto a creyentes y agnósticos, a ricos y a pobres.

Todo el mundo tiene algo que rogarle, y algo que prometer y ofrecer a cambio de sus milagros y de sus dones y favores. La dulce Madre Amada, recorre caminos difíciles, con el gélido y abrasador abrazo de la meteorología herreña de las cumbres y costas, a hombros de sus devotos acompañantes, agradecida por la ferviente danza de sus sacrificados hijos e hijas. Cegadora y destellante, representa en sí misma el amor, el perdón, el lado femenino y fecundo de la existencia. Nuestros ojos se embelesan, atónitos, embargados ante la grandiosidad de lo divino, contemplamos la perfección de lo supremo.

Sin embargo, en cuanto apartamos la vista, y descendemos a lo “humano, muy humano”, se deshace lo divino como haces de luz entre los dedos, se desvanece tanta grandeza para encontrar sólo los desechos de la miseria mundana que justifica la búsqueda de algo tan alto y perfecto como la deidad.

En cuanto apartamos los ojos de nuestra Madre Amada, sólo encontramos la algarabía y el jaleo de aquellos que con dedo difamador, siempre tienden a montar el culebrón apasionado en el conflicto, que siempre les reporta algún beneficio, con lo satánico de la mala intención, jugando a malabares con la semilla de la mala pasión. Con el gentío del visitante se enciende el corazón del comerciante, y tan rápido la marabunta abandona la isla, los ánimos y la esperanza vuelven a ansiar la vuelta del transeúnte.

Condenamos, castigamos y perdonamos sin ton ni son, censuramos, anulamos, maltratamos, y todo lo bañamos con los oropeles de nuestra propia hipocresía, nuestra humana, muy humana autoridad. Todo a lo loco, no vaya a ser que nos equivoquemos y vayamos a pensar un poco y darnos cuenta de que lo que oprime, castiga y enferma, también es humano, muy humano.

Los corazones inocentes, rezan por su salud, piden por su vida, por sus amores, por lo más que quieren, algunos incluso se atreverán a pedir a la Virgen por sus intereses y ambiciones.

Quizá entre tanto ir y venir, entre tanto pedir y entre tanto castigar y enjuiciar a otros, se nos haya olvidado, darle algo a la Virgen, simplemente devolverle algo bueno de tanto y tanto que nos concede la Vida.

ÁFRICA BARBAS.

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