LA CAÍDA DE LOS DIOSES por MELVIN ZAMORANO

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Ahí están ellos, como dioses, rebosando carisma, con una sensualidad que revienta los poros, como leones, comiéndose el escenario, sabedores de que todos sus movimientos causan gritos de histeria, espasmos, cada grito, cada ademán, ¡locura! de auténticas estrellas.  Derrochando imán de reyes de pie en el micrófono.

Solo tienen que abrir la boca, y la primera vocal, el primer alarido, el primer toque gutural, ya están desmayando al público, ya están causando en los fans la desequilibrada ansiedad, y aunque esta emoción,es producto de un placer indescriptible, de una contraprestación establecida entre la droga divina que embriaga,producto de la genialidad y la respuesta masoquista de miles y miles de espectadores,que quieren subir las pulsaciones y casi morir delante de sus mitos pues….Que ¡de repente! te los vuelves a encontrar 40 años después. Ahora cambiamos de masoquistas y sufridores en estado puro,  a sádicos moderados,pues las comisuras caídas, el cuello arrugado, los ojos apagados y lacrimosos, las arrugas pronunciadas por desgracias familiares,la cara fláccida por las  desilusiones y el metabolismo injusto del colágeno que se va, que se fue….

Nos alivia nuestra ridícula sensación de mediocridad, la sensación de que la vida nos debe algo, pues nunca fuimos dioses del atractivo personal…nos calma el desconsuelo y nos teñimos de un aire de superioridad,pues estamos aparentemente equilibrados…llevamos mejor que los divos lo depauperado, lo decrépito,¡je,je! ¡humano, demasiado humano!

 

 

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