Crónica del pasado por DONACIO CEJAS PADRÓN (El tío Marcos)

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CRÓNICAS DEL PASADO

Por Donacio Cejas Padrón

 

FALLECIÓ MI QUERIDO TIO MARCOS CEJAS FEBLES

 

Apenas unos meses de vida le faltaron a tío Marcos para llegar al siglo, pues había nacido el 6 de Abril de 1.918, siendo el tercero de los hijos de Donacio Cejas Gutiérrez y Catalina Febles Martin, mis abuelos  paternos muy adorados por todos sus nietos,  este matrimonio tuvo cuatro hijos, Juan, Donacio, Marcos y Mariano, de los cuales ya  no quedaba sino Marcos, que en semanas pasadas falleció de forma casi repentina, pues a pesar de su avanzada edad, todo hacía pensar que llegaría a cumplir los cien años de vida; no ha sido así y nos ha dejado, para ir a su eterno descanso.

 

Conocí a tío Marcos ya en mi adolescencia, pues había emigrado a Venezuela, siendo yo muy pequeñito,  y solo tenía  referencia de su persona por una foto que   había en casa de mis abuelos colgada en la pared del saloncito, donde aparecía tío Marcos montado a caballo en sus años de juventud, y con esa estampa del mismo, pasé mi  niñez, en contacto permanente con su esposa tía Vicenta, – fallecida muy joven- y sus hijas Adela y Nieves, que para entonces vivían en El Lunchón, que me hablaban constantemente de tío Marcos, al cual unos años después fueron a acompañar a Venezuela, donde vivieron varios años, hasta el regreso del grupo familiar en 1.958, creo recordar, que el regreso un poco precipitado fue consecuencia de un accidente de trabajo, que  lo dejó  prácticamente inútil de un brazo, y que  por suerte  y gracias a una  difícil operación quirúrgica en Las Palmas, por un afamado médico cirujano, logró recuperar la movilidad del miembro y  llevar una vida normal y trabajar sus   terrenos en El Hierro.

 

Cuando regresaron de Venezuela  ya  habían comprado su casa de El Hoyo, y allí  vinieron  a vivir tanto el matrimonio como mis primas, y fue entonces cuando  comenzó mi relación  familiar más intensa y cercana  con mi tío, y con  mi tía y primas, pues además éramos vecinos, y desde entonces hasta sus últimos años de su vida, disfrutaba yo dulcemente con su compañía.

 

Allá por mediados de los años sesenta volvió tío Marcos a Venezuela, a recuperar unos bienes que había dejado allí, y cuando yo emigré en 1.966 me lo encontré en Caracas, me ayudó en mis pasos iniciales para  buscar camino, y sus consejos fueron para mi fundamentales para acertar en la  senda a seguir en aquel inmenso país, en especial me aconsejó firmemente, que no desaprovechara la oportunidad que me brindaba D. Donato Morales Castañeda,  de irme a formar parte de su grupo empresarial,  le hice caso y afortunadamente para mí fue un acierto seguir sus experimentados consejos.

 

Regresó a Canarias en 1,972  y cuando parecía que le había llegado la hora del reposo y del regocijo familiar, tuvo la  desgracia de   que falleciera su esposa  Vicenta, muy joven quedándose  a vivir en soledad pues ya sus hijas se habían casado y formado sus familias, así me lo encontré en 1.975, viviendo solo en su casa de El Hoyo, pero rodeado de gran cantidad de amigos que lo ayudaban al cultivo de su finca de Camacho, donde por muchos años acudimos a buenas comidas de carne de conejo, pescado, etc. a tal extremo que la bodega  tiene en su frente un rotulo que dice HOTEL CAMACHO,  por que  admitía casi a diario o por lo menos los fines de semana gran cantidad de  familiares, amigos, transeúntes para deleitarnos mirando el paisaje de nuestro Valle, y consumiendo sus afamados vinos y suculentas comidas.

 

Sus hijas y nietas lo atendieron  con gran esmero y cariño,  no quisieron ni por nada del mundo que su padre tuviera que sufrir el dolor de verse en una residencia de mayores,  y tendrán el premio único y más sublime que puede ostentar cualquier ser humano, cual es la tranquilidad  que proporciona  la conciencia limpia del deber cumplido.

 

Tío Marcos, cada vez que pase por tu casa de El Hoyo y por tu finca de Camacho tendré un recuerdo agradecido y cariñoso para ti,  y si en El Cielo hay vino ya San  Pedro te habrá invitado a un vasito, que nunca será como el tuyo de Camacho.

 

RECUERDO DE UNA COMIDA CON TIO JUAN EN EL MONTE

 

Allá por 1,963 tío Juan- hermano de Marcos- e igualmente cariñoso y paternal, me invitó a que lo acompañara a su finca del Monte a limpiar unas barricas para prepararlas para la vendimia, lo acompañé gustoso y estuvimos toda la mañana en esas labores, pero llegó el mediodía y no veía comida, y  cuando le pregunté, pues tenía hambre, me contesto, vete por ahí con la escopeta y mata unos cernícalos, a lo cual accedí  contentísimo sobre todo por tener la oportunidad de disparar su hermosa escopeta belga de cinco tiros, creo que la primera que llegó a nuestra isla con esas características; en efecto pude matar tres  aves y  vine  contentísimo enseñándole el trofeo,   desplumó los cernícalos, y junto  un trozo de sama,  medio queso duro que tenía colgado en el techo de la bodega, papas y cebollas y otras tiemplas  entre ellas pimientas, puso el caldero al fuego mientras terminábamos de la limpieza de las barricas, al  terminar del trabajo,y junto a unos buenos vasos de vino  nos comimos aquel almuerzo, nos acostamos a dormir sobre la azotea, y cuando nos despertamos estaba lloviznando y nos habíamos  humedecido algo la ropa.  Mientras caminaba yo junto a mi tío para  el pueblo, me hice una reflexión, “esta comida no la olvidaré nunca” y así ha sucedido, jamás comida alguna en ningún sitio se me ha quedado tan impresa en la mente como aquella comida junto al querido tío Juan en su finca de El Monte.

 

 

 

 

 

 

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