NUEVA CRÓNICA DE DONACIO CEJAS PADRÓN

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BREVE SEMBLANZA DE LA PERSONALIDAD DE NUESTRO  QUERIDO Y RECORDADO MAESTRO D. FRANCISCO ARDEVOL BLANCH, SEGÚN LOS DATOS QUE YO RECUERDO  DEL MISMO.

 

  1. Francisco Ardévol Blanch, era natural de la ciudad de Reus, Provincia de Tarragona, su padre era un empresario de cierta potencia económica, dedicado a la distribución de cemento y otros materiales para la construcción, en  cuya actividad colaboraban sus hijos, entre ellos D. Francisco, que había estudiado contabilidad y administración de empresas, terminado su bachillerato hizo  estudios de Ciencias Químicas, al mismo tiempo que también estudió Magisterio, comenzando sus labores docentes en la Escuela de Minas de  Manresa. Por razones que nunca D. Francisco  explicó suficientemente, pero como consecuencia de La Guerra Civil, y de las turbulencias sociales y políticas que  se  originaron, D. Francisco decidió marcharse de la zona donde había vivido, y buscó plaza de Maestro lo más lejos posible,   obteniendo la de titular de la Escuela de Niños de La Frontera en El Hierro.

 

Llegó a nuestro pueblo  una noche lluviosa del mes de Septiembre de 1.953,  a bordo del camión-guagua de D. Luis Barrera, – matricula TF 9.370 – , y por instrucciones del Párroco y del Alcalde, los niños lo esperábamos en La Plaza de Candelaria a altas horas de la noche, que es cuando llegaba el camión desde El Puerto, y nos acompañaba D. Juan  Febles Morales, propietario de la única Fonda que había en nuestro pueblo, y que alumbrado con un humilde farol de petróleo, acostumbraba  todos los días de correo  a ir a esperar el camión para recibir a los posibles huéspedes que pudieran venir en el mismo.

 

Llegó D. Francisco con una cabellera larga y despeinada- nosotros decíamos con los pelos enchirinados-  envuelto en una chaqueta de invierno con el cuello de piel,  hablando   de una manera   nada fácil de entender, pues su castellano se parecía más al catalán, su lengua natal y que seguramente era la que habitualmente  usaba en su tierra. Cuando los  pocos vecinos allí presentes vieron la figura  tan extraña del personaje, empezaron a exclamar: ¡Dios mío lo que nos han mandado!  Siempre nos mandan lo peor.

 

Pero extrañó a todos que su equipaje lo componían  catorce pesadas cajas, y que él manifestó que eran libros y material   escolar para la enseñanza,  con lo cual ya quería demostrar que venía con propósito de quedarse largo  tiempo; entre los niños, y algunas personas mayores, incluso el párroco,  y alumbrados por el farol de  D. Juan Febles pudimos llevar las cajas  hasta la humilde  habitación que le tenían reservada en La Pensión, que  se alumbraba únicamente  con la tenue luz de un quinqué.

 

Como yo vivía en El Hoyo, junto a la pensión, nuestra ansiosa observación de niños nos hizo madrugar, para por la mañana volver a ver  al maestro, y en efecto, ya estaba levantado, y en el camino hablaba con   un vecino, D. Lorenzo González, y observé que le estaba indicando donde estaba El Ayuntamiento, a donde D. Francisco  quería presentarse como Maestro. Nosotros, mi hermano y yo, bajamos  enseguida  a saludarlo, y nos recibió con mucho cariño, preguntándonos, al ver la muralla forestal que rodeaba el pueblo, por donde estaba la carreterita que lo había traído hasta allí, pues no lograba precisar senda alguna visible,  tanto mi hermano como yo, y después mi abuelo Francisco y D. Juan Febles, le explicaron  el recorrido  que había que hacer para bajar a El Golfo, lejos estaba  yo de pensar, con apenas ocho años de edad, que aquel extraño personaje sería muy determinante en mi vida, que sería el encargado de mi formación como ser humano, que me habría de transmitir conceptos y valores que me han ayudado a transitar por la vida como sencillo hombre de   bien, y que mi relación con él mismo, habría de ser permanente en el tiempo, primero como su alumno, después como su admirador, como su amigo agradecido,  que nunca más perdería el contacto con él, y que  sería el promotor, muchísimos años después,   junto a otros niños del momento, de que El Ayuntamiento  de La Frontera le dedicara una calle con su nombre, y  también,   que en  representación de   sus alumnos de  Las Lapas, junto a Rafael Armas, uno de sus alumnos más  ilustres,   estaría presente el día de su fallecimiento en  Icod , y  que con el permiso del Párroco en El Templo, ante su cuerpo inerte, le dedicara unas agradecidas palabras, dándole las gracias por tantos bienes  espirituales que trajo a nuestro pueblo, y  que terminé diciendo así: Buen Viaje Sr. Maestro, nunca le olvidaremos.

 

Incorporado a su escuelita de Las Lapas, en un inmueble propiedad de D. Ramón Méndez, comenzó sus labores pedagógicas  con  un nuevo estilo, innovador y  avanzado, que muy pronto empezó a dar frutos, y que hizo que en muy poco tiempo  los  niños nos sintiéramos a gusto con el maestro,  atendiendo  sus enseñanzas con mucho interés y atención,  y que los vecinos del pueblo, comenzaran  a mostrarle su cariño, visitándole, llevándole  productos  de la tierra, y sobre todo demostrándole su  agradecimiento  por el trato que nos daba a los alumnos.

 

En el siguiente curso, junto a  Sr. Párroco y a los demás maestros del Valle, fundaron una academia para preparar a los niños que  dejaban la Primaria por razones de edad, para   que estudiaran  Bachillerato, siendo  la primera academia de este tipo en nuestra isla, fuera de Valverde, entre sus alumnos recordaré a Carmelo González, Luki Gonzalez, Cayo  Armas y su hermano Rafael, Fernando Fernández, Juan Pedro Castañeda, Agustín  León  y su hermano José Miguel, Jacobina Armas,  Mariter Acosta, Olivia Pérez, Donacio Cejas, Dulce María Rosales, Pili Cejas, Inocencia Abreu y su hermano Juan, Valentín Gutiérrez Casaprima, Juan  Arteaga, y muchos más que escapan a  mi memoria. Algunos de esos alumnos lograron carrera universitaria

 

Además por la noche en su casa, gratuitamente nos daba  Contabilidad, materia  que dominaba.

 

Al poco tiempo de  llegar, se enamoró de la que sería su esposa Dª.  Maria Luisa Gonzalez Afonso, natural de  Icod  de Los Vinos, hija del maestro de Sabinosa D. Rafael, y fundó su hogar en Las Lapas donde vivió largos años.

 

Tenía D. Francisco conocimientos  avanzados de dibujo técnico, pintaba en acuarela, sabía teatro,  componía letra para canciones a las cuales el recordado Párroco D. José Segura  le puso música y que todavía se oyen en nuestro  pueblo,  diseñó el edificio del nuevo  campanario de Frontera, hizo el  diseño  del   renovado piso de la iglesia  a  tres colores, blanco, gris y negro,  hacía los  escenarios de  Los Portales en Nochebuena, etc.

 

Fue declarado HIJO ILUSTRE DE LA CIUDAD  DE REUS.

 

Y así brevemente,  he tratado de  hacer  una semblanza de aquel  hombre singular, al que yo he dado en llamar SIMBOLO DEL MAGISTERIO  UNIVERSAL, pues su figura, su persona encarnaba, creo yo, las cualidades necesarias para ser un buen conductor de jóvenes y mayores, a los que también atendió en unos cursos cuando la campaña de alfabetización para adultos.

 

Se  fue D. Francisco en  1.962,  destinado a un nuevo colegio en Icod de Los Vinos, donde ejerció  hasta su jubilación, y donde igualmente,  se ganó el cariño de   sus alumnos y vecinos.

 

Siendo ya muy mayor, sus alumnos lo llevamos a nuestro pueblo, y le rendimos un cariñoso homenaje que él agradeció muy emocionado, pues se volvió a encontrar con tantos alumnos y conocidos, con los paisajes de Frontera donde vivió  hermosos años

de dulces recuerdos,  y nos dirigió unas   palabras,  con una oratoria bellísima donde trató de repetirnos que nada en el hombre es superior a su honor,  y a su integridad moral, en todos los tiempos y circunstancias, y nos dijo así.  “Les repito lo mismo que les decía e inculcaba en la escuela de  Las Lapas, porque los principios de moral y decencia son eternos y permanentes”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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