CARTA A Dª ENCARNA por DONACIO CEJAS PADRÓN

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CRÓNICAS PRETÉRITAS DE EL HIERRO
Por Donacio Cejas Padrón
FALLECIÓ EN VENEZUELA EL EMPRESARIO HERREÑO, NATURAL DE SAN ANDRÉS
D. DONATO MORALES

A la avanzada edad de 88 años, falleció ayer en Venezuela, D Donato Morales Castañeda, empresario herreño, natural de San Andrés y Los Llanillos, días antes de cumplirse su propósito de regresar a Canarias.

Tuve la suerte en mis años mozos, de trabajar en una de sus grandes empresas Mueblería Venezuela CA, en Ciudad Guayana, y en ella, y bajo la tutela de D. Donato Morales, con sus enseñanzas y orientaciones, me inicié en el mundo del comercio que todavía sigo ejerciendo.

Mi vinculación con D. Donato Morales fue producto de la vencidad de D. Marcelino Morales, su padre, con la familia de mi esposa en San Andrés. Gustaba D. Marcelino de elegirme como compañero en el juego del dominó, a pesar de la gran diferencia de edad entre él y yo, y al comunicarle que pensaba marchar a Venezuela me dio una carta para su hijo, y aunque nada me dijeron ni uno ni otro, yo siempre he pensado que en la referida carta, D. Marcelino le recomendaba a su hijo que me incorporara a su red de empresas, pues en cuanto la leyó me dijo que no buscara trabajo, que tenía ocupación para mí, y días más tarde, me vino a buscar y me llevó a la ciudad de Maturín donde tenía empresas de ferretería, y desde donde un par de días después, seguimos hacia San Félix, ciudad ésta situada a las márgenes de los ríos Orinoco y Caroní, en la cual funcionaba su empresa Mueblería Venezuela a la que me incorporé enseguida como vendedor de muebles.

Recuerdo todavía en el largo recorrido de varias horas, atravesando los campos petroleros del Estado Monagas, sus vivencias y recuerdos de Canarias, de su pueblo de San Andrés, de su actividad vendiendo vino en Valverde y después en La Gomera, de sus peripecias para poder viajar a Venezuela para eludir el Servicio Militar en La Marina de Guerra. Recuerdo también, la admiración que me producían las inmensidades de las Sabanas del oriente de Venezuela, los pozos petroleros tapizando el paisaje llano e inmenso, y por supuesto cuando avistamos el gran Orinoco, uno de los ríos más caudalosos del mundo, a pesar de mi juventud, pude apreciar que aquello era otra cosa, que aquel país era una zona de la tierra donde tendrían que haber infinidad de oportunidades para los jóvenes emigrantes como yo, además consideré la corta edad de D. Donato para aquella época, apenas tenía 37 años y ya dominaba un conjunto de empresas de distintos ramos y en distintas zonas del país, y pensé, bueno pues yo también algún día, es posible que sea empresario, lo cual sucedió apenas tres años después, si bien claro está en una humilde Distribuidora Iberia, muy modesta dado mi pequeño capital.

En los tres años que trabajé para las empresas de D. Donato Morales, tuve la oportunidad de descubrir los secretos y fundamentos de la actividad comercial, pero es que a su vez, D. Donato se esforzaba por enseñar, por formar a sus empleados para hacer las cosas bien, y la verdad es que yo lo escuchaba siempre con mucha atención, y sus consejos y orientaciones me han sido de gran utilidad a lo largo de toda mi vida.

Era D. Donato un hombre llano y humilde, nunca hacía gala de su poderío económico ni empresarial, su coche Ford Falcón modelo 1,961 era un automóvil modesto, con el cual me mandaba a hacerle encargos por la ciudad, incluso sin disponer yo de carnet de conducir, gustaba de situarse al nivel de sus empleados y era modelo constante de trabajo y esfuerzo sin límite, a veces nos resultaba algo difícil seguirle su ritmo de trabajo, de muchísimas horas todos los días, sin casi comer ni dormir.

Alejado yo de su grupo de empresas, estuve algunos años sin volver a tener contacto personal, pero cuando en los últimos tiempos hemos coincidido en El Hierro, siempre tuve el cuidado de mostrarle mi afecto, agradecimiento y respeto, tanto para él como para su esposa Dª. Encarna, y muy especialmente, estos últimos años, pude observar que D. Donato se mostraba muy complacido del trato cariñoso que yo siempre le dispensaba, recordándole entre otros gestos, que antes de empezar a trabajar me anticipó 300 bolívares para mis primeras necesidades, y que una vez su esposa Dª. Encarna, le llevó desde Caracas a mi joven esposa, embarazada, un trozo de quesadilla herreña,
que seguramente ella hacía en su casa.

El pasado año falleció su hija Teresita, y mi esposa y yo, los acompañamos en su dolor cuando vinieron desde Venezuela a depositar sus restos mortales en el cementerio de San Andrés.

Ahora, lejos ya del mundanal ruido, D. Donato partió hacia La Casa de Dios, allí descansará de su dilatada vida de trabajo y esfuerzo, y se situará junto a su querida hija. En mi oficina de trabajo, una foto de D. Donato y yo juntos, hace sitio entre las fotos de mis seres más queridos, y le acompaña un texto que dice así: D. Donato Morales, empresario herreño radicado en Venezuela, con su empleado de los años sesenta Donacio Cejas, y esa foto también ha sido colocada en la oficina del Director de Econex en Murcia, como un reconocimiento a la capacidad de trabajo y organización empresarial que yo le he contado a lo largo de muchos años a D. Francisco.

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