LA COLONIA DE INMIGRANTES LATINOS por DONACIO CEJAS

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CRÓNICAS PRETÉRITAS
Por Donacio Cejas Padrón

LA COLONIA DE INMIGRANTES LATINOS SE VA INTEGRANDO EN NUESTRA ISLA

Con gran satisfacción vamos observando como los inmigrantes latinos, poco a poco se van integrando progresivamente en nuestra sociedad herreña, en el caso de Frontera, el que más conozco, me complace ver a niños formando parte de equipos de lucha, de fútbol, de grupos folklóricos, etc. y a sus padres los vemos también participando algunos de ellos en tertulias, reuniones de amigos, asociaciones de vecinos, asistiendo a misa los sábados o domingos , y en general integrándose, casi sin darse cuenta quizás, en todos los estamentos de nuestra sociedad.

En días pasados asistimos al bautizo de dos niños gemelos hijos de padre y madre venezolanos, y que estuvieron acompañados en el templo por un buen grupo de paisanos, pero también estos padres sintieron el calor humano que les transmitimos los herreños que quisimos estar junto a ellos en tan singular momento, nuestro párroco les agradeció el regalo que supone para La Iglesia la incorporación de dos nuevos miembros de ella, que por deseo expreso de sus padres ya forman parte de nuestra comunidad cristiana de La Frontera.

El momento me sirvió para reflexionar una vez más los cambios que da la vida, y me hizo recordar cuando en 1,967 mi esposa y yo bautizamos en la iglesia San Buenaventura de El Roble, en San Félix de Bolívar, a nuestra hija Ana Mari, tan lejos de la patria, sin familia que nos acompañara físicamente, pero que nuestras mentes y nuestros corazones estaban volando en imaginación a nuestra isla de El Hierro.

Muy lejos estábamos todos de pensar que al paso de los años, Venezuela, un rico y acogedor país, receptor de cientos de miles de inmigrantes de muy distintas procedencias y nacionalidades, donde todos cabíamos, donde había espacio y trabajo para todos sin limitación alguna, se convertiría unas decenas de años después, en una sociedad empobrecida, podríamos decir que hasta desdichada, y que hoy, millones de sus hijos, huyen de su patria por todos los medios posibles, a cualquier destino o país, en la más absoluta orfandad, buscando una nueva ubicación en sociedades extrañas para ellos, donde conseguir lo mínimo para alimentar a sus niños y que no mueran de desnutrición o enfermedades que en Venezuela ya no se pueden remediar por falta de medicamentos y de recursos sanitarios.

Según los organismos internacionales especializados en la materia, la crisis de Venezuela es la tragedia humana más intensa y dramática ocurrida en América en muchos años, nadie puede explicarse lo que ha sucedido allí, que en apenas unas décadas de años, aquel país próspero y relativamente bien organizado, se haya convertido en uno de los países más peligrosos del mundo, donde la vida no vale casi nada y se puede perder en cualquier momento del día o de la noche, sencillamente, por no entregar un teléfono móvil o unos zapatos.

Esa es la razón fundamental por la cual, los venezolanos a diario, toman el camino de la emigración, por avión, por carretera, incluso a veces caminando, con los mínimos enseres a sus hombros, dejando atrás sus casas, trabajos, propiedades etc., abandonan todo, renunciando a volver, en busca de un futuro incierto, pero siempre mejor que lo que dejan atrás.

Considero, que aparte del fenómeno emigratorio, tan conocido por nosotros los canarios desde muchas generaciones anteriores a la nuestra, que llevó a los isleños a Cuba, Argentina, y últimamente a Venezuela, pero también los hubo que emigraron a México etc., Holanda, Alemania, tenía casi siempre como meta final el regreso, soñando siempre que éste se produjera en mejores condiciones económicas, algo que no todas las veces se cumplía, pero en este caso de los venezolanos especialmente, cuando emprenden el viaje hacia otras tierras, lo hacen a sabiendas de que no tendrán retorno al menos por muchísimo tiempo, pues todos saben y también lo sabemos todos, que en la situación económica y social de Venezuela, habrá de pasar mucho tiempo, para que vuelva la normalidad, y entretanto las familias se han disgregado, se han ido incorporando a otras patrias, sus hijos y nietos ya van naciendo bajo otras banderas, con lo cual se da por finalizado un estilo de vida, porque el tiempo se va encargando de hacer las transformaciones familiares y sociales, que ya no se corresponden con los tiempos pasados.

Nos toca por lo tanto a los canarios, y en este caso a los herreños, acoger a estas familias, muchas de ellas descendientes a nuestros emigrantes de otras décadas, ayudarlos, orientarlos e integrarlos en nuestra sociedad, para que vuelvan a sentir cubiertas sus necesidades más apremiantes y en el mañana sus hijos y nietos sientan como nosotros el orgullo de ser canarios. Dios quiera que así sea.

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