LISTOS, BOBOS O SANTOS…por MARÍA ELENA MORENO

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Elegir, entre la aventura, las radiaciones solares, y el riesgo; algo mejor, como la luz tenue de un humilde saloncito y la estantería con libros…Elegir entre embriagarse de poder o vivir con la sabiduría del recogimiento.
En mi casa rezo, leo, como, río, escucho las noticias, duermo, sueño, amo y soy feliz. En mi casa huyo de la interposición por la fuerza, de la impertinencia y de la desfachatez; cada día me gusta más la soledad. Trabajé para pagar impuestos, me inmolé ante el sacrificio y el amor a la familia, reflexioné. Intuí quien defendía mis derechos con justicia y con dolor, señalé al que todo lo convertía en oro, para su conveniencia. Ahora cada vez soy más tierna, y me sorprendo llorando por lo mal que se encuentra el mundo. ver como se dinamita a los débiles.
Pero ¡he aquí!,que hoy leyendo a Abraham Lincoln, encuentro la piedra filosofal…”Una papeleta de voto, es más fuerte que una bala de fusil”.
Desde nuestro pequeño rincón ¡zasca! voto que te pego, sí a ti que me gustas y te doy una oportunidad para que puedas enamorarme, si tú, politiquillo lleno de ilusiones, ¡te voy a votar!. Y tú vecino, quítate esa mosca cojonera y ¡vota!, luego no te quejes. Vota a tu héroe, a tu mejor, aunque luego te desilusione. Ejerce tu voto de confianza, actúa como un Dios y ¡vota! con tu papeleta. ¡Como si te fuera la vida en ello! Votemos, antes de que nos llegue el alzheimer o se nos quiebre una pata. Interactuemos para sentirnos capaces, reyes de nuestra vida y nuestra alma.
¡Votemos! con el mismo placer, que cuando nos crecemos y echamos un escupitajo al mundanal ruido, como cuando despreciamos, cual monarcas, a la plebe que danza ebria y descerebrada. En suma, ejerzamos el único poder que nos queda. Seamos Nerón por un día y subamos o bajemos el pulgar. Seamos el caballo de Calígula que llegó a cónsul.
Seamos finos o toscos, imaginativos o totufos, miopes o clarividentes…Es el único recurso, para sentirnos un día como Felipe II, que se hinchaba de carne porque ignoraba el ácido úrico. Cerremos los ojos a nuestro triste final, cuando nuestro familiar más querido, tire de nuestra silla de ruedas, y con cara de niño, nos comamos el helado del sabor de la eterna juventud, de la niñez que gozan los que se ganaron el mimo de sus familiares. De los que nos sentimos amados y queridos.

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