¡Qué divertido! por Mª Elena Moreno

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Siempre me divirtieron los Nerones, dictadores mil y todos los que se creían dueños del alma de los demás, solo por el puesto que ocupaban. La vida les quitó el asiento. Ya lo dijo Jesús: “¡tened las cosas como si no las tuvierais!”, y así practicar la humildad de estar para servir al prójimo. Me lo paso bien cuando veo a un estúpido echar fuera a alguien de un despacho y ver su cara soberbia, cretina, y vislumbrar su alma llena de humo e insensatez. Y más me divertí cuando en el mismo momento de salir de la habitación de su sillón de cuero y escudo, recibían el mayor de los zamagazos con ¡zasca! incluído, que les dejaba la cara de póquer y de buenas a primeras, sacaban la peta y se ocultaban a digerir el golpe.
Eso no le pasa al humilde, el pobrecillo que vive asustado en medio de los gorilas. Nada causa más hilaridad que ver a un fatuo, un venido a arriba, un memo que triunfa, sólo porque los demás tenemos nuestra vida ocupada y no pudimos ver venir como se iba a mostrar Juanillo cuando le dieran el carguillo. Pero no me pierdo la instantánea de ese momento glorioso de la caída. Dios nos guarde del estampido en el desplome de lo que más alto subió, y más traumático el golpe cuando se cae.
El trepa, pierde mucho tiempo sin leer y como dijo Baltasar Gracián: “El primer paso de la ignorancia es presumir saber, y muchos sabrían si no pensasen que saben”.
En fin, en que bando me coloco, que no me venga nunca arriba por nada ¡Señor! ¡Ayúdame a no perder nunca el sentido de la realidad, para no cometer los mismos errores, para formar parte del clan de la claridad, de la cordura, para que nunca me inyecte, mi entorno, la sustancia que enajena, para que piense que soy una de tantos, que me tengo que ganar el respeto de mis semejantes a pulso, que me haga solidaria, coherente, y que paso a paso, consiga abrirme camino en la senda del bien hacia del cielo.

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