SOLIDARIO por JOSÉ CARLOS GAVILÁN BATISTA

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SOLIDARIO

Sucedió en la guerra, que fue la causa de su separación familiar durante más de veinte años. Se convirtió en un héroe frente al abismo, con el que no mostró una actitud defensiva; al contrario, lo afrontó implacable, como un ariete, que sentía un amor grande y sin medida por la humanidad. Palpamos su ausencia, su huella, el vacío. Siempre le recordaré como un persona que nunca cesó de ayudar a cualquiera que lo necesitase; jamás dejó de iluminar el camino a seguir sin pedir nada a cambio.

En su preocupación por el ser humano hablaba desde un corazón desgarrado a otro igual que él, y le decía que el mundo debe ser un lugar para disfrutar de la libertad, el amor, la amistad, la compasión… Sin embargo, en muchas ocasiones no sabemos experimentar nuestra propia libertad, y seguimos tropezando en caminos oscuros, en callejones sin salida; somos explotados, llevados; estamos desilusionados y hartos, y seguimos intentando vivir la vida con un esfuerzo menor.

Nos decía además, que un trabajador debe sentir vocación real por lo que hace, pero no necesariamente una vocación profesional, pues no se tiene una única vocación vital, ni todo el mundo tiene una. Aseguraba que es necesario que el desempeño de su responsabilidad le lleve siempre a ser consecuente, una persona más allá de su condición de instrumento, de mercancía; a rehuir del oportunismo y no dejarse seducir por lo superfluo, y a ser justo, pues conocía las debilidades de la condición humana y la levedad de la existencia.

Fue médico, sindicalista, agitador político, científico, literato y filósofo, con un pensamiento de todo tipo que abarcaba todas las ramas de la creación, un Humanista. Exploró el sentido humano de la economía pretendiendo mejorarla, y dar alma a la máquina, a la tecnología, uniéndola al carro de una ética superior. Fue un impulsor del progreso técnico, ayudándonos a percibir su significado. Actualmente su huella imperecedera ha quedado impresa en publicaciones como: Human + Machine: Reimaginando el trabajo en la era de la inteligencia artificial. “Es absolutamente necesaria la colaboración persona-máquina, no solo porque el resultado mejora la capacidad de cualquiera de los dos por separado, sino porque también evita muchos problemas desde el punto de vista ético y social”, asegura López de Mántaras. Los líderes en esta carrera serán quienes adopten la inteligencia colaborativa, transformando sus operaciones, sus mercados, sus industrias y su talento.

Ya hay ejemplos de esta sinergia en distintos sectores. En los almacenes de Amazon se han incorporado robots que trabajan en coordinación con el resto de los trabajadores, que mejoran activamente las fortalezas de cada uno: el liderazgo, el trabajo en equipo, la creatividad, las habilidades sociales de los humanos; la velocidad, la escalabilidad y las capacidades cuantitativas de las máquinas. Lo que resulta natural para las personas (hacer una broma, por ejemplo) puede ser complicado para las máquinas, y viceversa: analizar gigabytes de datos sigue siendo prácticamente imposible para los humanos. Y las empresas necesitan ambos tipos de capacidades.

Escribe el pensador israelí Yuval Noah Harari: “El desarrollo de la inteligencia artificial nos fuerza a repensar qué somos y qué nos hace humanos”… concluye Harari, que será imprescindible que nos conozcamos bien a nosotros mismos, o de lo contrario los algoritmos manipularán nuestra mente y nuestra vida más de lo que ya hacen hoy.

Es posible que estemos atravesando una línea peligrosa, por lo que es importante intentar mantener una prudente distancia con la modernidad, y con todo lo que tenga que ver con el desarrollo científico y las nuevas tecnologías. Nos interesan sobre todo aquellas que ya son parte de nuestra realidad, haciendo algunos matices, sobre quiénes y cómo las usan, para qué se están mostrando eficaces y para qué no, cómo y cuándo vamos a convivir con ellas. Le diría al Sr. Harari, que si bien estoy de acuerdo con él en lo esencial, tendría más motivos para temer a determinados líderes o gobernantes como Trump, Orbán o Salvini (o a Erdogan, Putin, Maduro, Duterte), casi todos ellos responsables del encarcelamiento de sindicalistas, opositores, líderes de la sociedad civil, escritores e intelectuales, profesores universitarios… injustamente obligados a huir a otros países por la falta de libertad de expresión; precursores de políticas insolidarias como el “Decreto Salvini” contra la inmigración… que a esos hackers, la inteligencia artificial o a un terrorismo de tecnología punta que amenazan con acabar con nuestro modo de vida y llevarnos de vuelta a la Edad Media.

Nos sentimos libres de todas estas influencias, porque sabemos que son instrumentos que no nos contaminan, que actualmente pueden ser esenciales para nuestra supervivencia, pero que se entregan como todos los apegos a los fenómenos mundanos. El “tú” que observa y que está consciente de lo que surge siempre es el mismo, y sabe que nada de todo esto es verdad acerca de ti, ni es primordial para nuestra realización personal.

Nuestro insigne maestro pertenece a ese grupo que podemos denominar “maestros creadores”, que con su contribución de quitar pesos y opacidades al mundo nos ayudan a entrar en contacto con la experiencia de estar vivos. Son personas que despiertan con su ejemplo a una humanidad dormida, para hacernos más amplios y profundos, más intemporales y lúcidos, más libres y trascendentes, más sobrenaturales y limpios… el ser humano debe comprender que es posible vivir con decencia en un mundo indecente, no solo para que podamos hacer mejor las cosas, sino para que las actividades realizadas nos enriquezcan, que tengan un sentido, un “para qué” profundo que nos permita hacerlas con interés, y que nos sintamos fecundos en nuestra vida.

J.Carlos Gavilán

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