VISITA A LA CASA HERREÑA, por Donacio Cejas Padrón.

0
161

CRÓNICAS PRETÉRITAS
Por Donacio Cejas Padrón

LA CASA DE EL HIERRO EN LAS PALMAS DE GRAN CANARIA

Atendiendo a una invitación de La Directiva de La Casa de El Hierro en la ciudad de Las Palmas, para participar en el programa de actos de su aniversario, tuve a bien pronunciar una conferencia sobre el costumbrismo y forma de vida en nuestra isla en tiempos ya lejanos en el tiempo, me sentí muy regocijado con el cariño y las atenciones de que fuimos objeto mi esposa y yo, por parte de sus directivos y también por los asistentes al acto, entre los que me encontré con viejos amigos herreños emigrantes en aquella ciudad, como lo fui yo en los años sesenta del siglo pasado.

La Casa de El Hierro cumple allí una función social muy importante, pues aglutina en su hermosa sede a la mayoría de los herreños radicados allí, y que ya en los tiempos actuales está dirigida por una segunda generación, jóvenes hijos de esos emigrantes, que continúan la hermosa labor emprendida por sus padres hace decenas de años, y que a la vez que el centro forma parte del conglomerado social y cultural de la ciudad, sigue siendo también una referencia espiritual de nuestra isla en aquella para mi siempre querida ciudad de Las Palmas, donde transcurrieron algunos años de mis años mozos.

Su sede está estratégicamente situada en el centro de la ciudad, y es un edificio de gran porte y singular arquitectura, dispone de espacios amplios y muy bien cuidados para el deporte y el ocio, además de salas muy apropiadas para actos culturales y festivos que con frecuencia se celebran allí. Me cuentan que La Casa de El Hierro participa con su carroza en Las Fiestas de La Luz, y que a su vez promociona los productos y frutas de El Hierro, y que en su sede se celebran también eventos de muy distinta naturaleza, siempre promoviendo la cultura y las relaciones humanas.

Mi modesta charla tuvo por objeto contar dos de mis Crónicas Pretéritas, y forman parte de las más de trescientas que a lo largo de unos veinte años he ido publicando en distintos medios de comunicación de nuestra Isla, ambas tuvieron como fondo y motivo fundamental el resaltar los valores humanos de los protagonistas de esas dos crónicas, la primera referida a D. Onofre Sánchez Díaz, vecino de Frontera, emigrante retornado de Nueva York en 1,929, dedicado por muchos años a ejercer de banquero o prestamista, ayudando económicamente a muchísimos vecinos, siempre con generosidad y comprensión, y que además por unos años fue Alcalde de La Frontera, durante cuyo mandato tuvo un gesto de valentía y honorabilidad enfrentándose al Juez de Instrucción de Valverde, cuando comprobó que estaba abusando de algunos vecinos de Frontera, que le habían facilitado sus bestias para que ejerciera funciones oficiales, pero que el citado Juez y sus acompañantes las usaron después para corretearlas en Tigaday, obligándoles a bajarse de las bestias, y prohibirle a los vecinos que les aquilaran otros animales, y por lo tanto tuvieron que regresar a Jinama caminando, al mismo tiempo que presentó su dimisión como Alcalde.

La segunda Crónica Pretérita que conté fue relacionada con un suceso ocurrido en 1,932 y tuvo como protagonistas a dos vecinos, D. Feliciano Pérez Zamora, Secretario de El Ayuntamiento de Frontera, y D. Andrés Castañeda, ambos de muy distinta condición social y nivel cultural, pero que ambos demostraron en dicho suceso, que el honor y la dignidad no son patrimonio de ninguna clase social.

Me pareció observar que los a los asistentes al acto les hice pasar un rato agradable, que era al fin de cuentas el motivo de mi visita y de mi modesta intervención.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here