CONTAR HISTORIAS…por CARLOS GAVILÁN

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Despertar a lo que hemos sido y a lo que somos, puedo decir con sinceridad que mi vida comenzó a tener sentido durante los años que residí en la isla. Me puse en camino, y veía muchas estrellas de personas, acontecimientos, inquietudes, dudas…que me permitieron ver en la verdad de los tiempos mi mundo de la vida.

Descubrí que necesitaba ser uno más de la gran familia herreña, quería sentirlo, y para lograrlo comencé por entregar y compartir mis mejores horas, días y años. Pretendía poner mi grano de arena a través de mis impresiones articuladas del mundo, quizás porque pensé que al escribir ayudaba a los demás mostrando lo que sentía, y dejando entrever mis lecturas sobre autores a los que admiraba. Pretendía con ello dar un significado y un sentido unitario, a la vez compleja forma de pensar, porque se había impuesto la tarea nada fácil de quitar pesos y opacidades a nuestra razón de existir.

En Julio/1983 viajé por primera vez al Hierro para trabajar en Frontera como sustituto en las vacaciones de D. Julio, un eminente profesional que tenía como enfermera a una maravillosa Sor Ángela. Una santa, que se fue en 1987 creo, de misionera en Angola;, se produjo un suceso en una aldea de tantas que estaban bajo su responsabilidad, y pasó que en unas inundaciones, durante la evacuación se negó a subir al helicóptero mientras no lo hubiese hecho el último indígena…tuve la oportunidad de darle un abrazo a su regreso en una visita que hizo a la isla. Recuerdo que cuando íbamos a pasar consulta en Sabinosa, decía que su azul del mar era más puro e intenso… Yo era lo que se dice un principiante, y Sor Ángela me ayudó a reducir el miedo, a ganar confianza y autoestima, y lo que es más importante, a sentir compasión por el sufrimiento de mis pacientes y la capacidad de ayudarlos a superar sus circunstancias.

Posteriormente después de haber estado sustituyendo en varias ocasiones durante el año, y que compaginaba de manera itinerante con otras en Tenerife, con la ayuda del ya titular de La Frontera D. Enrique Castro, tomé posesión de interino de la plaza de El Pinar en 1984…y ese fue mi destino durante veinticinco años.

En nuestro pueblo de El Pinar dejamos el estrés de ciudades como Santa Cruz para dar paso a una sensación de alivio y de paz. Fue mi primera experiencia como médico residente que trabaja para los vecinos de la zona sur de la isla hasta la Restinga. Siento una gratitud ilimitada a la hospitalidad que me dieron desde el primer día, los pacientes fueron generosos, tolerantes, sinceros, afectuosos, firmes y dispuestos a perdonar mis errores y carencias. Sus vecinos tienen esa forma de ser que les caracteriza como “Piñeros” o “Restingueros”, trabajadores y responsables, expectantes y grandes observadores de la naturaleza con la que siempre han vivido en sintonía, un pueblo unido hasta la médula en los momentos más difíciles de su historia, que hacen cosas por ti cuando saben que los necesitas sin esperar nada a cambio, muy respetuosos con las tradiciones culturales, personas fieles y de palabra… destacaría en ellos su pureza de intención, con una sabiduría natural y ejemplar que me hizo sentir admiración y aprecio a su manera de estar en el mundo. No pasa un solo día sin que les recuerde, es más que un pensamiento y una emoción. Mi hija Julia que ahora tiene diecisiete años, siente algo similar y sueña con volver a vivir en su pueblo de El Pinar, en este curso de 2º bachiller ha quedado Tercera Finalista de la VI Olimpiada de Filosofía de Canarias organizada por la ULL, y ya está en el décimo año de Piano del CPMTenerife que compagina con sus estudios en el Colegio Pureza de María; José es todo un profesor del Silbo Herreño, Licenciado en Derecho, obtuvo el Máster en Urbanismo por la Universidad de Zaragoza, y desempeña esta responsabilidad en El Cabildo Insular; Margarita una Madraza con mayúsculas, Bióloga y DUE que trabaja como Enfermera del CS de La Frontera, ¡cómo quiere ella a sus pacientes! su curriculum es admirable, y ha participado como monitora en cursos de formación impartidos por el 112. Ana, mi compañera durante más de cuarenta años, mujer valerosa con la que compartí desde el comienzo nuestra responsabilidad con el CS, sin ella nada hubiese sido posible, En la atención a los pacientes no teníamos un horario como hoy día, nuestro trabajo era de veinticuatro horas de lunes a domingo durante todo el año, participó y se implicó directamente en la atención a los pacientes, pues no teníamos administrativo ni enfermeros. Su ejercicio profesional de Maestra ejemplar ha tenido este año su reconocimiento, al recibir el Diploma de la Consejería de Educación como una de las veinticinco mejores Profesoras de Canarias. David Cabrera, actual Diputado herreño, le hizo un sentido homenaje en el Parlamento de Canarias, al transmitirle su felicitación a ella y su familia, como vecinos que fueron del pueblo de El Pinar…y añadió que “la labor de un profesor afecta a la eternidad, no se sabe cuando acaba”.

Mi vida en El Hierro me ha capacitado para hacer cosas que no podía haberlas hecho de otra manera. Nos ha fortalecido y también ayudado a quienes nos rodean, su principal enseñanza ha sido la solidaridad y el amor a los demás que llevamos en nuestros corazones para siempre. Muchas gracias.

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