ESPECTÁCULOS por María Elena Moreno

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Fútbol, tenis, carreras de coches y motos, corridas de toros, teatro, cine, televisión..Hay para todos los gustos. Soy sensible a la belleza del patinaje artístico y la gimnasia rítmica, me emociono al ver colgadas las medallas de oro de la natación en las olimpiadas. Pero nada de esto es comparable al espectáculo, en donde el ojo del observador, capta el comportamiento de unos humanos en medio de un reálity. Ellos disimulan pero les traiciona el tiempo, el encierro y la ausencia de amor, pues el móvil de ese contrato es el dinero. Al final, no haces con tus llamadas, ganador al mejor, haces ganador al que queda, restando a los que asoman su parte codiciosa, su falta de paciencia, su interpretación de sí mismos y lo que vemos de ellos en realidad, dibujando con sus gestos y comportamientos: personalidades acomodaticias, egoístas, y agresivas. En los reálitis de vips escogen a famosillos de medio pelo, los cuales tienen necesidades económicas. Es simpático ver a personas destacadas en uno u otro talento, caer en comportamientos carentes de toda clase y distinción. El público observa y es de admirar como los más inteligentes, coinciden con los menos empáticos eligiendo masivamente al que ellos consideran el mejor. Siempre elige el televidente al más divertido e histriónico, pero a la vez, el menos arrogante e inflado de humillos de superioridad. Para reventar a los antipáticos, elegimos a los que nos parece que creen que no se merecen el triunfo y he aquí que acertamos. Damos lecciones con nuestro voto positivo a los que castigamos para bajarles el tono de petulantes. El experimento quita la máscara a los envidiosos. Ellos se detectan “siempre”. La envidia es la madre de todos los pecados. Ellos no compiten, éstos luchan dando golpes bajos. Enfocan para tumbar a los más valiosos y sacan al aire las muecas más feas del odio. Lo contrario del público que inmediatamente se posiciona con el más atacado y envidiado. El público celebra al más divertido que además compite con cierta honestidad.¡Humano, demasiado humano!

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