LAS GANAS DE VIVIR por MARÍA ELENA MORENO

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Las ganas de vivir, la fuerza vital de cada célula de la juventud de un cuerpo adolescente, impide centrarse en un noticiero, se está demasiado ocupado para vivir la propia vida y tomarle el pulso al mundo, es una actividad secundaria, es suficiente que padres, profesores y medios de comunicación nos parasiten el cerebro a diario. El mundo se ve con los patrones impuestos. ¡Qué diferencia de los años transcurridos! Donde la atención sostenida nos lleva a satisfacer la curiosidad y paliar la ansiedad por saber, qué pasa en nuestra familia, en la vecindad, en la nación y en el mundo. Y un poco más allá en el universo, encontrar los agujeros negros y el ojo de Dios.
Con la edad avanzada y los años transcurridos, ya nadie es tan atractivo como para ocultar sus manías, egoísmos, fatuidad e inconsistencia. Si todavía tenemos ganas de relacionarnos, esperamos tranquilamente el milagro de la exquisitez de un nuevo encuentro, una inesperada conversación, una tarde de ocio compartido.
Las ganas de vivir dejan paso al relativo deseo de pasar ratos con el corazón acompasado, la buena sonrisa y el estado de felicidad que da la buena conciencia.
Pueden abstenerse los que se sienten mal, cuando se encuentran a solas consigo mismos, los que no leen, los busca vidas y los mentirosos. Pueden abstenerse los desequilibrados, los conflictivos, los inconstantes, chaqueteros y veletas.
En fin pueden todos abstenerse, salvo mi selección particular de seres humanos, que son pocos, y que me duran de toda la vida.

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Pueden abstenerse todos menos Dios, pueden abstenerse los que huelen bien por fuera y mal por dentro, los que hacen malas digestiones y tienen mal humor. Los que no se soportan, los memos y los gilís, pueden todos abstenerse.

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