NUESTRA VIDA EN EL UNIVERSO por CARLOS GAVILÁN

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NUESTRA VIDA EN EL UNIVERSO.
EL HOMBRE ENFRENTADO A SÍ MISMO Y A TODO LO CREADO.
En nuestra historia de la vida se constituyen dos grandes revoluciones intelectuales; a mediados del siglo XVI, el matemático polaco Nicolás Copérnico propuso una visión heliocéntrica en lugar de la clásica visión geocéntrica del universo. “La tierra no es el centro de todas las cosas celestiales” decía, “sino uno de los diversos planetas que giran alrededor del sol, que es uno de los muchos soles que existen en el universo”.
Tres siglos después, en 1859, Charles Darwin cambió la visión que los humanos tenían del mundo vivo y de sí mismos, argumentando que los seres también se rigen por leyes naturales. Se llegó a decir que “elimina a Dios” como principio explicativo de los procesos naturales, y que rompió el equilibrio ciencia-religión. Por más que Darwin no hiciera alusión alguna al origen del hombre, cambió la posición humana en la naturaleza: fin del Antropocentrismo. Revolución darwiniana: la diversidad del mundo vivo es el resultado de un proceso natural.
En la segunda mitad del siglo XX con la obra de T. Dobzasnky, Genética y el origen de las especies, se produce un gran impacto en el pensamiento biológico. Esto conlleva un nuevo concepto de la evolución, considerando ésta como una modificación progresiva de la composición genética de una población.
J. Huxley dijo en 1953 en el centenario del Origen de las especies: “el descubrimiento de los principios de la selección natural hizo comprensible la evolución; junto con los hallazgos de la genética moderna, han vuelto insostenible cualquier otro tipo de evolución”.
El equilibrio puntuado de Niles Eldrege y Stephen Jay Gould, establece que la evolución fenotípica se concentra en momentos relativamente breves de especiación ramificada, seguidos por intervalos mucho más largos de quietud evolutiva.
La selección natural es la pieza central de la teoría de la evolución de Darwin. Nos proporciona una explicación natural para los orígenes de la adaptación, lo que incluye todos los atributos del desarrollo, del comportamiento, anatómicos y fisiológicos que mejoran la capacidad del organismo para utilizar los recursos ambientales con el fin de sobrevivir y reproducirse. Darwin habla de cinco observaciones y tres implicaciones deducidas de aquellas:
1.-Las poblaciones naturales generalmente mantienen un tamaño constante, excepto cambios menores…2.- Los recursos naturales son limitados, finitos…3.- Existe una continua lucha por la existencia entre los miembros de una población. Darwin escribió en el Origen de las especies “es la doctrina de Malthus aplicada con múltiples fuerzas al conjunto de los reinos animal y vegetal. La lucha por el alimento, refugio y espacio vital se hace más severa conforme la superpoblación aumenta. 4.-Todos los organismos muestran variación. No hay dos individuos exactamente iguales. Se diferencian en tamaño, color, fisiología, conducta y muchos otros aspectos. 5.-La variación es heredable. El mecanismo hereditario descubierto por Gregor Mendel se aplicaría a la teoría de Darwin muchos años más tarde.
A la evolución humana, Darwin dedicó un libro completo, El origen del hombre y la selección en relación al sexo. Las estrechas semejanzas entre monos y el hombre solo podía explicarse por un ancestro común. La citología comparada puso de manifiesto que los cromosomas del hombre y los simios son homólogos. Ya no se sigue buscando un mítico “eslabón perdido” para establecer el origen común del hombre y los simios, nuestros parientes vivos más próximos. Los humanos son primates…
Hace unos tres o cuatro millones de años aparecieron dos líneas de homínidos bastantes distintas, que convivieron durante al menos 2 millones de años…hasta su extinción. Entre 1,7 y 1 millón de años atrás, hizo su aparición un homínido más avanzado y completamente erecto, el “Homo hábilis”, el primer hombre verdadero. Esta especie apareció hace unos dos millones de años y sobrevivió quizás durante medio millón de años.
Hace aproximadamente 1,5 millones de años, apareció Homo erectus,

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probablemente como descendiente del Homo hábilis. Homo erectus fue intermedio entre el Homo hábilis y el actual. Homo erectus fue una especie con organización social, que vivía en tribus entre 20 y 50 individuos. Desarrolló una cultura útil y compleja y se extendió por las regiones templadas y tropicales del Viejo Mundo.
Tras la desaparición del Homo erectus hace unos 300.000 años, la evolución humana subsecuente, con el establecimiento del Homo sapiens (“hombre inteligente”) siguió un curso complejo. Los Neandertales y Denisovanos surgieron hace unos 130.000 años de entre diversas subculturas tempranas de Homo sapiens. Con una capacidad craneana dentro de los márgenes del hombre actual, los Neandertales fueron unos eficaces cazadores y usuarios de herramientas. No constituían un grupo homogéneo, sino que variaban geográficamente en respuesta a condiciones locales y al aislamiento de unas poblaciones con respecto a otras. Dominaron el Viejo Mundo en el Pleistoceno tardío, vivieron durante ciento de miles de años en Eurasia y se adaptaron a estos entornos. Los humanos se mezclaron con ellos un poco, lo que les permitió adquirir variantes genéticas ventajosas. “Nuestra especie, aunque solitaria, es en realidad un crisol de humanidades extintas, y esa mezcla ha sido particularmente importante para nuestro éxito actual”, resalta Marión-Torres, directora del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana, en Burgos. “Es curiosa la forma en que relatamos siempre como hazañas muchas de nuestras capacidades. Sin embargo, es una cura de humildad descubrir que parte de nuestros superpoderes estaban presentes en otras poblaciones humanas mucho antes que en la nuestra y que de hecho les debemos a ellas su herencia”.
Hace unos 30.000 años, los Neandertales fueron remplazados, y muy posiblemente, exterminados por el hombre moderno. El origen de este último no está claro, aunque hay ciertas pruebas que apuntan hacia una procedencia africana. Eran gente alta, con una cultura muy diferente de los Neandertales. Desarrollaron rápidamente mejoras de sus habilidades, y su cultura se enriqueció con aportaciones estéticas, artísticas y un lenguaje sofisticado.
La Exclusiva Posición del Hombre nos viene dada porque nosotros tenemos algo que ningún otro animal posee: una evolución cultural -no genética- que proporciona una retroalimentación constante entre la experiencia pasada y futura. Nuestros lenguajes simbólicos, la capacidad de pensamiento conceptual y la posibilidad de manipular nuestro entorno surgen de este dominio cultural no genético. Esta es una diferencia cualitativa muy importante entre el hombre y los demás animales que no puede ignorarse. Nuestra historia cultural y los hallazgos intelectuales de una interminable reflexión, se entienden de forma mucho más eficaz si se estudian desde una perspectiva espiritual, mental y sociológica, antes que biológica.
Un hombre que en la esencia de su alma y de su religiosidad mantiene viva todas sus esperanzas en la Fe: una Fe que le sitúa más allá de los límites de lo humano, y que le capacita para comprender a un Dios creador del universo y de la vida.

2 Comentarios

  1. Quisiera añadir algunas reflexiones al artículo escrito por D. José Carlos Gavilán Batista.
    Creo que el ser humano ha perdido gran parte de su capacidad de observación, base de toda filosofía científica, el arte de filosofar y meditar ya no están de moda en esta sociedad a la que damos el carácter de desarrollada, terminando por contaminar y mermar la capacidad del pensamiento humano alejándolo también de la religión y la fe que han caminado siempre a lo largo de la existencia de la mano de todo hombre y mujer. La evolución del hombre se diferencia del resto de las especies precisamente por la necesidad de refugiarse en lo divino, en la fe, la religión, donde únicamente encuentra el verdadero sentido de la vida.

  2. Hola Julia Isabel, muchas gracias por tu interesante comentario. La humanidad ha ido perdiendo su capacidad de pensar, y su diálogo existencial es pobre, ha dejado de ser trascendente en sus vidas. El hombre debe tener la valentía de preguntarse ¿qué somos?, ¿qué es y qué significa nuestra fuerza?, ¿qué es todo lo nuestro?, ¿es todo aquello que tengo en mis manos?… si además me pregunto qué necesito saber, qué quiero, descubrimos que la vida tiene dimensiones más profundas, y ahí está Dios. La verdad de lo que sentimos y de lo que somos aflora en la soledad de quien se siente diferente, y en los momentos de la vida de aparente ausencia o de silencio, ahí está Dios más presente que nunca. El ser humano hace su huida detrás del sueño, no lo detiene la oscuridad porque todo es luz celestial, gozo, alegría… El hombre tiene el coraje de anteponer su motivación moral al conocimiento, la capacidad de actuar a través de su intuición para crear la verdadera belleza, de escuchar y acercarse a Dios, y de mostrar al mundo que con el poder liberador de Jesucristo ha logrado superar su condición de mortal.

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