CON ESTUPOR Y CARCAJADAS por MARÍA ELENA MORENO

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CON ESTUPOR Y CARCAJADAS

Estamos viendo con estupor como las redes sociales, las televisiones y otros medios, desplazan el espectáculo de la vida misma, narrado seriamente las cosas, por otra forma de exponer lo que pasa con sus escritos en tono de mofa, representaciones histriónicas y otros pormenores que nutren los realitis, donde el ser humano es elemento barato de circos y comedias. Teatros “in situ” sin guión y cuyo único talento (que también valoramos) como la inducción a la carcajada fácil. Y que conste, que no estamos puntuando la cultura o incultura que se pueda transmitir, tanto como que boquiabiertos asistimos a los récords de audiencias absolutas.
Ya han salido a la palestra figuras del periodismo serio, legisladores, universitarios, todos ellos aconsejando cambios estructurales hacia un mundo mejor donde vaya a asentarse nuestra cultura, pero ellos, ingenuos si cabe, se han dado de bruces, pues la risa fácil es también cultura, y sobre todo terapia, dándole este tipo de espectáculos un tinte rancio a las encorsetadas formas políticamente correctas.
Es ya conocido el enfermo que pide cambiar de canal para obtener una dosis de humor, interesantes vídeos, divertidos programas, donde los geniales botarates nos relajan y divierten con sus parodias, ridiculizando lo serio de nuestra sociedad que por hipócrita y fuera de moda, tienen un sabor rancioso y añejo.
Me gustan los convencionalismos y tradiciones que nos llevan a redescubrir nuestras raíces y ancestros, pero en su justa medida. Ahora y por contraste, también podemos aprender a cambiar el color oscuro de nuestras gafas por las irisadas tonalidades de la alegría.
Precisamente ahora las exhibiciones contractuales de laicos y creyentes, son una llamada al consumo necesario, para levantar las empresas de cáterin, ropa y complementos que tanta falta les hace.
Los reyes y reinas de las revistas del corazón, ya no están, no son los que eran. Ahora las verdaderas celebridades, son los caraduras de la exhibición de sus vidas privadas, las figuras del deporte y algún loco que otro, que se va de madres, y salta la valla de la normalidad. Por no mencionar, la cantidad de delincuentes que nutren, cada mañana, los informativos que no saben cómo llenar esas interminables horas de noticias que utilizan febrilmente, para completar el aforo de los espectadores y oyentes.

María Elena Moreno

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