UNA AMENAZA EN CIERNES por MARÍA ELENA MORENO

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UNA AMENAZA EN CIERNES por María Elena Moreno

Lo que antes constituía una amenaza con tintes de lejanía es ya una realidad. Ciclos en la actividad oceánica, recalentamiento global, emanación de gases, gestión de residuos industriales, microplásticos, son en realidad, nombres que adjetivan un presente de fenómenos naturales unos y causados por la humanidad “evolucionada,” otros. Todos juntos, ofrecen una panorámica de señales ante un problema a resolver, donde los seres humanos, pueden sentirse como enanos ante la avalancha anunciada de accidentes meteorológicos, deshielos, actividad sísmica y todos los etcéteras posibles.
El problema es que la disparidad de criterios de los dirigentes de imperios y naciones es un gran muro a salvar. En otra escala, representantes y gestores de las instituciones localizadas nunca sintieron el peligro que supone los vertidos irresponsables de residuos al mar. En la era de la tecnología no se han diseñado filtros, ni zonas donde se puedan tratar los bien llamados residuos insolubles. El escepticismo de unos y el pánico que paraliza a otros, no señalan la rampa de salida hacia soluciones efectivas.
El ciudadano de a pie, contempla atónito la degradación del planeta con la sensación de impotencia y cierta tristeza ante el futuro.
Talleres de análisis de los océanos, alianzas internacionales, convenios y diversas medidas a tomar, parece que van llegando tarde. Unos hablan de siglos, otros simplemente de décadas, pero todos predicen fatales consecuencias en el legado de nuestra Tierra a los cercanos descendientes.
Ahora nos conformamos con la clasificación de residuos en los contenedores de colores. Nos vamos al supermercado y a la farmacia con bolsas de tela o de papel. En las tiendas de ropa, parafarmacias, laboratorios de productos naturistas y alimentos ecológicos, nos ofrecen el típico envase biodegradable, pero seguimos usando pulverizadores que emiten gases destructivos para la capa de ozono y cada día se descubren agentes tóxicos que se suman a la ya conocida contaminación de las grandes ciudades, atribuidas al tráfico de vehículos y la producción industrial, que hace vertidos a la atmósfera, ríos y mares, a los que podemos añadir además, las lágrimas de tristeza de los que nos creemos humildemente “profundos espectadores” de lo que está sucediendo.
María Elena Moreno

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