REFLEXIONES SOBRE NUESTRA CULTURA HERREÑA por Carlos Gavilán

1
188

REFLEXIONES SOBRE NUESTRA CULTURA HERREÑA

Me preguntaba estos días cómo puede construirse una realidad basada en nuestros valores referenciales a través de generaciones, sin perder nuestra resonancia histórica.
Me preocupaban algunas preguntas como: ¿de qué manera entendemos la realidad?, ¿hacia dónde caminamos?, ¿hemos perdido quizás la capacidad de mirar a nuestro alrededor?, ¿qué caracteriza nuestro modo de pensar o de sentir?, ¿hay un antes y un después?, ¿nuestra identidad como pueblo se expande o quizás su historia está quedando reducida a un fastidioso mundo de repeticiones como restos de un glorioso pasado?, ¿se están añadiendo nuevos valores? Tengo la sensación de que, a veces, vivimos como idealistas tradicionales, y que deberíamos sentir la necesidad de ir más allá. Necesitamos abrir caminos diferentes a lo ordinario y al conformismo, y esta es precisamente la razón de nuestra cultura en nuestra “aldea global”.
A veces actuamos de un modo intuitivo y espontáneo, y en otras ocasiones es necesario tomarnos nuestro tiempo para reflexionar sobre las cosas. De esta manera todo a nuestro alrededor se hace más profundo, más interesante. Se trata de reflejar una realidad con objetividad y comprender mejor cómo es nuestra realidad y la del mundo en que vivimos, al mismo tiempo que reflexionamos sobre los conflictos ineludibles de nuestra existencia.
Estamos viviendo el fenómeno de la globalización, y nos damos cuenta de que esa universalidad a veces choca con nuestros valores o formas genuinas, como una contraposición entre lo universal y la diferencia. Pero frente a este fenómeno, está el querer pensar en la continuidad como algo diferente a la identidad, lo que es equivalente a ir quitando fronteras en los valores culturales humanos de cohesión, que han de ser reconocidos como universalmente aceptados y compartidos por todos, y ser tenidos en cuenta como “enunciados universales”, aquello que resulta recomendable seguir. Y surge el conflicto entre lo privado y lo global cuando los pueblos se repliegan sobre sí mismos.
La solución a este estallido de particularidades es una tarea, una empresa pendiente, ante un horizonte de banalidades sin ambición transformadora alguna. Esto presupone la igualdad por encima o más allá de las identidades, comunitarismo, solidaridad. Es importante incidir en el desarrollo social y político de la realidad en que vivimos, con la huida de los extremos y los radicalismos en favor del diálogo, al contrastar la razón, la imaginación, la experiencia y el corazón con la necedad de los individualismos. Estos valores tienen en común el amor al ser humano en vez de a una raza, un “pueblo” o un partido; hablan del “camino medio”, el “orden equilibrado” y la mesura necesarios para vivir en paz y equilibrio con uno mismo, con los demás y con el universo.
Necesitamos la aplicación urgente de una acción solidaria de alcance mundial, ya que vivimos tiempos de megaterrorismo, de antihumanismo, y hemos llegado al punto de máximo desorden e inestabilidad. Temas como el debacle de la educación en Occidente, la infantilización de la ciudadanía, el consumismo compulsivo y las satisfacciones inmediatas junto al rechazo de la cultura del esfuerzo, el trabajo y la voluntad, junto a la dramática diferencia entre los pueblos opulentos y los pueblos hambrientos, son los protagonistas hoy en día. Nos encontramos con sentimientos de angustia existencial en el drama del hombre moderno que se enfrenta solo y desarmado ante los acontecimientos de la vida, y que provocan desesperanza, falta de identidad, vacío existencial y oscuros temores que anulan las mejores capacidades personales e impiden la construcción de sociedades maduras, cultas y solidarias.
Es necesario promover valientes reformas del sistema y transformaciones audaces e innovadoras al servicio del hombre, con el objetivo de alcanzar un “humanismo pleno” formado por todas las dimensiones del hombre, incluyendo la espiritual y la religiosa.
Y te preguntarás: ¿qué podemos hacer?
Lo primero sería la denuncia de la injusticia estructural que domina el mundo y el anuncio de otro mundo posible. “Humanizar a la humanidad”; el principio de humanización, y el derecho de todos al privilegio de unos pocos. Una civilización de la austeridad compartida, por ejemplo: “fuera de los pueblos pobres no hay vida”, un principio guiado por la solidaridad y la fraternidad, que no se reduce a la eficacia instrumental, sino que es la “ternura de los pueblos” que consiste en “llevarse mutuamente los desiguales”.
En segundo lugar, el ir al encuentro de las culturas, las nuestras y las ajenas, en ese espacio intermedio, y no sólo en lo que cada uno hereda como pueblo de sus antepasados, evitando así las radicales diferencias, que dejan de lado las analogías y los puntos de encuentro.
Como conclusión recodaría la Encíclica “Populorum Progrssio” de Pablo VI publicada hace 40 años después del Concilio: “El desarrollo es el nuevo hombre de paz” (Pp 76, 87). Es la solución de la Pp, el tema que la resume y la entrega al Magisterio permanente de la Iglesia y a la sabiduría universal. Para alcanzar esta paz Pablo VI invita a los pueblos a salir del aislamiento y a buscar la concertación mundial bajo la responsabilidad de una autoridad mundial que promueva un “orden jurídico universalmente reconocido” (PP78).
Todos somos espectadores de la impotencia política de la ONU, reducida a una oligarquía incapaz de gobernar al mundo ya que los intereses particulares de los “grandes” prevalecen sobre el bien de la humanidad entera, y que deja activos conflictos interminables (Medio Oriente) a la vez que se inician otros (Irak, Afganistan, Libia, Siria,Palestina, Yemen…).
La Iglesia, por su parte, debe sentirse siempre responsable siendo el “sacramento universal de salvación” (Gs45), “el Cuerpo de Cristo en su plenitud” (Pp79), germen del Reino que al final verá toda la humanidad reunida alrededor del Padre común.

Compartir
Artículo anteriorMISS WORLD SPAIN
Artículo siguienteAYUDAS AL IBI

1 Comentario

  1. No creo que sea sano este hábito por lo accesible, esa acomodada inmediatez que adormece la inquietud. Lo intuyo al descubrir su ermitaño razonamiento que me resulta tan inusual como admirable-
    Así, siguiendo su versión, vuelvo sin querer a mis primeros pasos ante el conocimiento, cuando estudiar a los clásicos y aplicar su pensamiento deductivo se consideraba materia básica para las nuevas generaciones-
    Casi inconsciente a su lectura de estos cimientos nacen varias premisas:
    1º Existo, luego pienso( en mis valores, referentes, prioridades) al menos, en castellano, canario, propio: este sería el orden correcto, en ingles…todo es ambiguo.
    2º Pensar abre inquietudes que confirman la razón
    3º Razonablemente la vida tiene causa
    Conclusión. Hay un origen, un orden y un destino
    Tan cierto como mi admiración por su valioso discurso, mi querido amigo, sepa en estas líneas que
    le tengo entre mis referentes-
    Nieves Rodríguez

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here