DON DONATO MORALES CASTAÑEDA.- CRÓNICA 2 por DONACIO CEJAS PADRÓN

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CRÓNICAS PRETÉRITAS
Por Donacio Cejas Padrón

LOS RESTOS MORTALES DEL EMPRESARIO HERREÑO D. DONATO MORALES CASTAÑEDA, DESCANSAN YA EN EL CEMENTERIO DE SU PUEBLO DE SAN ANDRÉS. EN NUESTRA ISLA DE EL HIERRO.

En días pasados, y en un acto familiar profundamente emotivo, asistimos en La Parroquia de San Andrés, a una Misa ofrecida por el alma de D. Donato Morales Castañeda, y a continuación acompañamos a su esposa, hijo y demás familiares hasta el Cementerio del pueblo, para depositar sus cenizas, junto a las de su querida y única hija hembra Teresita, fallecida un par de años atrás.

Su familia tuvo motivos para sentirse muy regocijada al comprobar cómo se llenó el templo, y por las muestras de cariño que todos los presentes le tributamos.

Fue D. Donato Morales, un comerciante precoz, que desde su adolescencia se inició en el actividad de la venta, primero en Valverde, vendiendo el vino y otros productos que su padre producía, después en San Sebastián de La Gomera, donde regentaba una venta de vino y productos herreños, siendo un referente desde los años de la década de los cuarenta del pasado siglo. Pero pronto sintió la llamada de América, y con muy pocos años, y casi sin el consentimiento de sus padres, emprendió la aventura del más allá, y fue Venezuela el país que le acogió, y después de una breve estancia en Caracas, tuvo bríos para adentrarse en los llanos inmensos de La Meseta de Guanipa, zona petrolera del oriente venezolano, y fue allí donde hubo de transcurrir prácticamente toda su vida, ejerciendo el comercio en diferentes ramas, destacando entre ellas la venta de material industrial, de seguridad en el trabajo, ferretería, muebles etc.

Amplió su acción a otros estados de Venezuela, rodeándose de buenos equipos humanos, familiares, conocidos etc. logrando que sus numerosas empresas se destacaran por su magnitud y por su solvencia, a nivel nacional y continental..
Años después trasladó su residencia a Caracas, y desde allí coordinaba con gran tino la dirección de sus empresas, así hasta su jubilación.

Allá por 1.966, año en que yo emigré a Venezuela, y creo que aconsejado por su padre D. Marcelino, me incorporó a una de sus empresas, Mueblería Venezuela, en San Félix, Estado Bolívar, y fue allí, de su mano y por sus orientaciones donde me formé para ejercer el comercio, entendiendo yo, a lo largo de toda mi vida, que mi paso por sus empresas fue una escuela singular e inmejorable, que me ha
servido para dedicarme al comercio, sin sobresaltos ni incertidumbres.

En el aspecto humano, que es el que ahora cuenta, tuve la oportunidad durante nuestros fugaces encuentros en El Hierro, de reiterarle mi eterna gratitud, por lo que me enseñó, y por la manera de cómo me transmitió algo de sus infinitos conocimientos.

Si tuviera que destacar alguna faceta importante de D. Donato, yo anotaría que por sobre todos los rasgos de su personalidad, la que él practicaba con más ahínco, era su humildad, jamás recuerdo oírle ninguna ostentación de la magnitud de sus numerosas empresas, y también recuerdo siempre que muchas veces trataba de pasar desapercibido y que los clientes no se dieran cuenta que era el propietario, era muy observador, y me ponía yo muy nervioso, -joven al fin- cuando desde mediana distancia me oía los argumentos que yo usaba para convencer a los clientes, y más tarde me hacía las observaciones que él consideraba convenientes, siempre sin estridencias ni gritos, en baja voz, pero realmente me felicitaba casi siempre pues decía que yo sería un gran vendedor.

Ahora, lejos del agobio de su agitada vida comercial, descansa junto a su hija Teresita, por cierto a pocos metros de la tumba de mi recordada madre y de dieciocho miembros de mi familia, que reposan en nuestro Panteón Familiar, y su pueblo muy querido de San Andrés lo ha acogido para siempre, después de más de setenta años de su partida.

Mi familia y yo, nos unimos al dolor de su esposa Dª Encarna, tan dulce y cariñosa siempre con nosotros, nunca he olvidado cuando en 1,967 le llevó desde Caracas hasta San Félix, a mi joven esposa, entonces embarazada, una quesadillas herreña;- al de su hijo Donato, nietos y demás familia
y les tendremos siempre en nuestras oraciones, y en mi oficina de trabajo, una foto de D. Donato y yo, que le pedí nos hiciera uno de sus nietos hace un par de años, ocupa un destacado lugar junto a la de mis seres más estimados.
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