UNA MEDALLA PARA DULCE, MI VECINA. Por María Elena Moreno

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Mi vecina tiene fibromialgias mil, espolones, vértebras pinzadas, depresión. No obstante, tira la basura previamente reciclada, friega, barre, tiende, cuida de sus familiares que están peor que ella, va al supermercado, coge el teléfono y habla con los comeorejas narcisistas y quejones. Hace favores, terapias llenas de bondad, va a correos, al banco, trabaja en sus asuntos sin desmayar…y me ha dicho que ella nunca recibirá una medalla. Los dolores la retuercen pero siempre tiene una buena palabra y una sonrisa para sus semejantes. Me comenta que cada vez que alguien se dirige a ella es para pedirle algo y que le han solicitado de todo, dinero, objetos, endosos de problemas irresolubles, le quitan su tiempo, la meten en follones, la llaman gorda, y le intentan decir lo que tiene que hacer.
Mi vecina va al hospital, se medica, se hace la comida para ella y los otros, cuida gallinas y otros animales. Mi vecina quiere una medalla pero nunca la recibirá. Ella nunca viaja, nunca va a la playa, no tiene tiempo y no quiere abandonar a los suyos. ¡La pobre! El otro día se me escapó de los labios: ¡No te preocupes mujer, que la medalla te la dará Dios en el cielo.

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