LA VERDAD por CARLOS GAVILÁN

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LA VERDAD
Hubo un tiempo en que los planteamientos y análisis con relación a la existencia posiblemente eran más pobres, pero las mentes de quienes los albergaban eran más limpias: libres de influencias de decires y opiniones, y lejos de esta modernidad deshumanizada y cosificante. Me imagino a las familias que se protegen y se necesitan; que comparten sus creencias, afanes, ilusiones, penas y alegrías… situadas en su elemento, de llanuras extensas y fértiles, senderos montañosos con altos árboles cubiertos de helechos, orquídeas y musgos que nos hablan de cuando el mundo era una reluciente madrugada. Eran personas solidarias que, con su ejemplar vida, se mantenían en ese esfuerzo cotidiano de mejorar el mundo, con una conciencia moral que se manifestaba de un modo natural y espontáneo, sin prejuicios.
¿Qué sucede en el mundo de hoy?, ¿qué decir de un mundo como el nuestro?, ¿nos sentimos orgullosos de sus escenarios?, ¿se ha hecho imposible imaginar un mundo distinto?… Creo que el mundo puede ser incomparablemente mejor.
La porción del mundo que debería ser orientadora y ejemplar con respecto a las demás, es Europa. Somos los europeos, al no hacer un mayor esfuerzo para evitarlo, y porque además contamos con instituciones suficientes para cambiar esta realidad desastrosa, los responsables de las guerras en terceros países, de la conflictividad social debida a las migraciones, del cambio climático, de la pobreza, el hambre y la miseria en el resto del mundo…y el problema puede ser que ese nuestro o nosotros no engloba a toda la humanidad, sino a pequeños grupos de poder que son los responsables de la creciente desigualdad económica propiciada por un neoliberalismo que ha destrozado las esperanzas de las clases más desfavorecidas.
El Consejo de Europa debe liderar y establecer las alianzas que sean necesarias para cumplir con el compromiso de desarrollar un programa de trabajo que le permita alcanzar el objetivo de transformar esta realidad. Sin duda entraña una gran dificultad, con niveles de exigencias nada fáciles de cumplir, pero es lo que se debe hacer si queremos poner freno a este trágico holocausto internacional. Decía D. Miguel de Unamuno: “siento un dolor tan inmenso que me obliga a gritar, el grito que lanza un hombre cuando ve caer muerto a su hijo, y el que no tenga ni corazón ni hijos, se queda en eso”. El dolor y la pena por el desamparo, la indolencia de una sociedad que está en una posición privilegiada y ventajosa por su economía, bienes, cultura…y que da la impresión de no preocuparse lo suficiente por las periferias, aunque debo de confesar, que ha habido algún gesto de aproximación en los últimos meses a otros países como a Cuba. La visita oficial realizada a este país en este mes de septiembre por la Alta representante del Unión Europea/Vicepresidenta, Federica Mogherini, que en una de sus intervenciones ha manifestado: “En cualquier lugar del mundo, nuestra máxima prioridad sigue siendo trabajar por la democracia. Solo fomentando y apoyando unas democracias resilientes, mano a mano con las autoridades locales y los representantes de la sociedad civil, podemos contribuir a unas sociedades más equitativas y prósperas”. En la actualidad, la Unión Europea es el primer socio comercial y primer inversor en Cuba, lo que puede ser motivo para que otros países en dificultades, e incluso en situaciones de mayor gravedad, sigan un camino similar.
Europa necesita además establecer las bases para el acercamiento a los países en conflicto, haciendo propuestas de negociaciones y acuerdos a través de los Pactos de Naciones Unidas. También debería ejercer una mayor influencia en aquellas regiones que por razones humanitarias lo necesitan de manera más urgente. El Consejo de Europa consta de 47 países miembros, todos los de la Europa entendida en su más amplia concepción geográfica. Tiene estatus de observadores en países como Estados Unidos, Canadá, Japón, Israel, México… Entre sus principales objetivos, veo posible abordar en la escena internacional el promover la creación de un “Organismo Multilateral de Diálogo Político y Cooperación” en el que estén representados todos los países del mundo sin excepción, y que sus decisiones políticas establezcan como prioridad absoluta la lucha por la justicia, la defensa de la libertad y la igualdad, y romper el silencio con el respeto a la Verdad, que debe ser un mandamiento moral o ético, para que la realidad del mundo deje de ser la que es y alcancemos una paz gloriosa, duradera y sin retorno.
Julián Marías (1914-2005), Filósofo, escritor, crítico de cine, periodista. Miembro de la Real Academia de la Lengua Española. Vivir contra la Verdad. Las relaciones del hombre con la verdad… El hombre tiene que decidir ante varias posibilidades: vivir en el ámbito de la verdad, en el horizonte de la verdad, al margen de la verdad. Y por último añade en cuarto lugar, contra la verdad, la dominante en esta época…cuando alguien vive sobre ideas y creencias de cuya falsedad está convencido, siente que la presencia de la verdad destruye ese fundamento y con ello “su contra vida”, porque la inautenticidad es el modo de “no ser” de la vida humana.
El conocimiento humano no puede comprender la realidad tal y como es en sí misma. El hombre se muestra ausente de esta realidad, digamos que la oculta durante la mayor parte de su vida, y solo está atento a aspectos parciales de la misma. Consigue con gran esfuerzo, un contexto cultural que le aparte de la más transcendental de todas las preguntas: “¿De dónde vengo?, y para lograrlo se aferra a los principios intramundanos: el espíritu del pueblo, la unidad de los códigos, el Estado-Nación, las ideologías políticas, etc. Pero al final todas ellas revelan lo que simplemente son: criterios históricos y efímeros, proyecciones de la voluntad que tiene necesidad de apoyarse en algo “verdadero” y estable. Y después, cuando estas unidades y totalidades se disgregan, la voluntad se queda de nuevo sola; ninguna voz resuena desde fuera, la rodea un pesado silencio: el terrificante vacío del universo.
El hombre tiene necesidad de saber a qué atenerse, de tener una orientación general, entre otras razones porque se siente sometido a un poder extraño que le impide el libre desarrollo de su naturaleza. Se enfrenta con la realidad, con la total realidad y pregunta: ¿qué es, qué es todo esto?…son preguntas radicales que el hombre busca por un afán de autenticidad, es decir, vivir desde sí mismo. Hay una actitud de insatisfacción de cada forma de pensamiento, de tal manera que hay que seguir adelante, y si fuera preciso complicarse la vida y aceptar el sufrimiento, el problema, el dolor a veces desgarrador que ocasiona el “sin sentido”, lo que no es ni siquiera inteligible, todo lo que no es empíricamente verificable o comprobable.
El que siente la necesidad de saber a qué atenerse e intenta poner las cosas en claro, aunque no se le ocurra ninguna idea nueva, aunque repiense una posible respuesta ya existente, se está comportando responsablemente. Se puede, y de hecho es esencial tener muy presente, que hay que incorporar a nuestra vida personal estos planteamientos, para saber a qué atenerse, para hacerse las preguntas radicales individualmente, pase lo que pase, si se quiere vivir auténticamente.
“¿Tu verdad? No, la Verdad,
Y ven conmigo a buscarla.
La tuya, guárdatela.”
MACHADO, Antonio.

1 Comentario

  1. Supongo que donde no he alcanzado un razonamiento digno de admiración como éste, ya no moveré conciencias, pero vestirse de mediocridad no oculta el egocentrismo ni exime de la humanidad, esa que nos mide con los demás y nos iguala en semejanza.
    Sé que nací de la vida y a ella pertenezco y mientras la comparta a ella me debo en la de todos. Por ella siento como todo surge de un mismo propósito, que incapaz de definir me convence en su fuerza
    Sé qué otras vidas me alientan, solo es preciso…querernos!
    Un abrazo valiente!
    Nieves Rodríguez Rivero.

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