CRÓNICAS PRETÉRITAS, CARTA A ANDRÉS LORENZO HERNÁNDEZ por DONACIO CEJAS

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CRÓNICAS PRETÉRITAS por DONACIO CEJAS PADRÓN
CARTA RECORDATORIO A LA FIGURA DE DON ANDRÉS LORENZO HERNÁNDEZ.

AMIGOS TODOS:
Estamos asistiendo en esta Santa Iglesia de El Tanque, para despedir a un vecino de este pueblo, Andrés Lorenzo Hernández, aquí paso los primeros años de su vida junto a su madre Dª Felicidad y hermanos, hasta que como tantos y tantos canarios, emigró a Venezuela hace más de sesenta años, allí formó su familia bastante numerosa, y por designios del destino regresó para fallecer aquí, en el mismo lugar de su nacimiento, aquí descansará para siempre junto a su madre, su primo Federico, su cuñado Diego, su tía Carmela, su amigo Eladio y de tantos y tantos parientes y amigos. En este templo se venera a La Virgen del Buen Viaje, la que despide a los emigrantes en su partida cuando emprenden el siempre doloroso camino de la emigración, y los recibe alborozada en su regreso. Muchas veces Andrés Lorenzo le habrá dado gracias a La Virgen por permitirle regresar de paseo a su pueblo, donde pasó la mayoría de los veranos de su vida.

Le acompañan su esposa, sus hijos y varios de sus nietos, le acompañan ustedes, sus parientes, amigos y vecinos, y le acompaño yo también junto a mi esposa y algunos de mis hijos. Yo no soy pariente ni vecino de Lorenzo, yo fui algo distinto, yo fui por muchísimos años su socio, su hermano, su amigo, y creo que hasta su hijo. Nuestra relación fue fecunda y larga en el tiempo, cada día cuando llegábamos los dos a nuestro trabajo en Iberia nos encontrábamos alegres y contentos, no recuerdo nunca ninguna incomodidad ni desavenencia por nada, todo lo hacíamos con alegría y criterios compartidos, pensando solamente en hacer las cosas bien para que Iberia mejorase, más de cincuenta años ha durado nuestra relación humana, y así será, hasta que Dios me dé vida. En estos días de su enfermedad, recordaba yo cuando le conocí de manera muy casual en Dalla Costa, en el año 1.969, lejos estábamos de pensar lo que el destino nos tenía reservado vivir. Desde mi primer encuentro con Lorenzo, simpatizamos en una amistad que muy poco después en 1.970 se convirtió en sociedad, gracias a su generosidad y confianza en mi persona, aportando todo el capital que fue necesario, para el nacimiento de nuestra querida empresa Distribuidora Iberia que tantas satisfacciones nos ha producido a los dos y a nuestras familias.

Compartí con Lorenzo, el dolor de haber vivido nuestra niñez sin la presencia de nuestros padres en el hogar, y esa circunstancia tan poco dichosa, parece que contribuyó de forma muy determinante a que nuestra concordia y entendimiento desde el punto de vista humano, fuera más dulce y agradable cada día.

Siempre he considerado que el sentimiento de gratitud y su expresión hacia las personas que en momentos puntuales de nuestra vida nos ayudaron a salir adelante, y a que ésta mejorase, es la virtud más sublime que puede anidar en el corazón de las personas buenas y agradecidas y es el mejor tributo con que pudiéramos retribuirle su generosidad, y yo siempre, con toda humildad, he procurado de manera constante e invariable, a lo largo de toda mi vida, demostrarle a Lorenzo lo mucho que agradecí su comportamiento generoso y desprendido hacia mi persona, y me complace saber que así él lo entendía, y que cada vez que nos encontrábamos recordábamos con alegría tantas y tantas escenas vividas en común durante tantos años. En mi oficina de trabajo donde tengo la costumbre de colgar fotos de mis seres más estimados, aparece en lugar destacado el rostro de mi querido socio Andrés Lorenzo, y allí permanecerá para siempre, y cuando en casa les hablo a mis hijos y hasta mis nietos de nuestra vida en Venezuela, nunca me olvido de referirles las buenas cualidades humanas de mi socio, un ser único y determinante para la mejora de nuestra vida allí, e incluso para facilitarnos el regreso a la patria, siempre tan añorado por los emigrantes, pero no tan fácil de realizar, y les invito a ser siempre agradecidos de los favores recibidos.

Hoy su familia, que es también la mía, pues nuestros hijos crecieron juntos, está de luto por su partida, están de luto ustedes sus familiares y amigos, está de luto su amado pueblo de El Tanque, estamos de luto mi familia y yo, está de luto nuestra querida empresa Distribuidora Iberia, está de luto nuestra amada secretaria Maritza y los demás compañeros que junto a ella trabajan allí, está de luto nuestra urbanización Villa Alianza por cuyas calles tanto transitamos, está de luto nuestra recordada ciudad de Puerto Ordaz, y están de luto también los legendarios ríos Orinoco y Caroní, símbolo y emblema de aquellas tierras, pues sus aguas echarán de menos la lancha con la cual Lorenzo y su familia paseaban los fines de semana.

Y en conclusión todos lloramos la perdida que nos supone la ausencia definitiva de nuestro querido Pancho, como aquí se le conoció. Nos dejó hermosos recuerdos de una vida fecunda y ejemplar, fue trabajador incansable, luchador constante, su actividad comercial fue muy diversa y en todas triunfó, y por sobre todo fue honesto y generoso con quienes estuvimos a su lado, ahora sus hijos, serán sencillos herederos de las virtudes de su padre.

Ha muerto un hombre bueno. ¡Que Dios lo haya acogido benigno a su presencia! y desde su morada eterna nos mirará complacido por este acto.

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