DIARIO DE UNA PERSONA QUE SE HA «QUEDADO EN CASA» por Mª Elena Moreno

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En mi barrio, en mi municipio, en mi hogar, en mi isla, todos están en casa. Cuando salimos al supermercado o a la farmacia, nos sentimos extraños con la mascarilla puesta y los guantes, pero la sensación más impactante es en el momento en que no vemos ni delante ni detrás del coche ningún vehículo. Todos los confinados, al salir a lo imprescindible, encontramos un aparcamiento de inmediato. En las tiendas de comida, diferente a otras ciudades que hacen cola, nosotros entramos y guardamos la distancia de seguridad pero no nos ponemos en una fila de espera. El cartero no llama dos veces, no llama ni una vez. Para los servicios de luz, teléfono etc, los entidades han habilitado cuentas directas, para hacer los pagos por transferencia desde nuestras casas.
Si una persona está equilibrada se conforma con asomarse a la ventana, lee, hace ejercicio en su propio hogar. El aislamiento es muy llevadero cuando no padeces de adicciones, como alcohol, bingo, tragaperras, chismes, «sustancias» y otros vicios esclavizantes, etc. Ahora, las familias se ayudan, vuelven a relacionarse entre ellos. Se para el estrés. Hay tiempo para reflexionar. Ante la parada del trabajo fuera, sabemos del esfuerzo y sufrimiento de los empresarios y trabajadores, esto entristece nuestra alma. Nos afecta muchísimo enterarnos de los fallecidos, nos estremece la pérdidas de personas, mas sabemos que un día u otro, estas ausencias nos va a afectar.
El mundo ahora se ve bajo el icono de la mascarilla, del color verde y blanco de los uniformes sanitarios.
Echamos de menos las visitas a los familiares y amigos. Las muestras de afecto. Las redes nos facilitan la comunicación lúdica y relajante. Todo ha cambiado. Algunas personas se desquician cuando piensan en que un día puede faltarnos lo básicos, debido a las tres crisis: Económica, sanitaria y cambios sociales relativos a la rotura de esquemas y costumbres. A esos histéricos que vacían el super de según que víveres, les diré que desarrollen su fe en que «Dios proveerá» según la Biblia: A los pajarillos del campo la naturaleza los alimenta, ellos sólo se plantean volar, anidar, cantar y vivir dándole gloria al creador.

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