NUEVA CRÓNICA DE DONACIO CEJAS PADRÓN

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CRÓNICAS PRETÉRITAS

                                              Por Donacio Cejas Padrón

                           AÑO 2.020, CAMBIOS EN NUESTRAS VIDAS 

Comenzaba el presente año con normalidad en casi todo el mundo, y naturalmente en nuestra isla, y en todas las que forman el archipiélago canario, cada uno se nosotros nos  disponíamos cada día a la rutina  habitual de nuestros trabajos y  ocupaciones, nada hacía presagiar la dolorosa  circunstancia que aguardaba a la humanidad, y que apenas dos meses después  hizo su aparición en forma de una  nueva enfermedad producida por un  virus, que desde China se propagó  por la mayoría de  países en  un muy corto espacio de tiempo, causando miles de muertos, y rompiendo  brutalmente  los esquemas económicos, sociales, y familiares que conformaban el  tejido humano de estos tiempos, pero que se fueron  logrando  poco a poco a lo largo de muchos años, y que nos llegaron a hacer creer a  La Humanidad que   ya era omnipotente, y que su sabiduría era tal,  que hasta podía legislar sobre el control de la vida misma, especialmente de la de los no nacidos y de los ancianos,  pretendiendo ponerle plazo a las mismas, si eran útiles o  no que nacieran los concebidos, y hasta cuando era conveniente o no que vivieran nuestros mayores.

El ser humano   está visto que cuando se encumbra por razones políticas, sociales  o económicas, pierde la noción de sus limitaciones, y pretende alcanzar El Cielo con sus hazañas, olvidándose de Dios y creyéndose dueño absoluto de sus destinos y del destino de La Humanidad, pretendiendo en su ingenuidad amoldar éstos a sus criterios  y  ocurrencias, sin darse cuenta de la fragilidad de los mismos.

En el año 1,945, cuando terminó la última Guerra Mundial, con un costo de más de cincuenta millones de personas muertas, se pensó, y era lógico, que el hombre habría  aprendido la lección,  y los grandes políticos del momento, se dieron a la tarea de crear organizaciones multinacionales que crearan normas globales que permitieran en adelante vivir en paz y concordia a los humanos, pero  pocos años después volvieron a  aparecer nuevos conflictos  que persisten actualmente en  buena parte del planeta, y que siguen demostrando que aquellos propósitos de los grandes hombres de los años cuarenta y cincuenta no darían el fruto esperado.

Los  pueblos, los seres humanos, cuando no tienen problemas se los buscan, todo en ansias de dinero, poder,  riquezas,  y en suma vanidad y dominio sobre todo lo que nos rodea,  y así lo hemos  venido contemplando hasta hace muy pocos meses, hasta que de golpe, todo cambió.

Desde el punto de vista  científico, se puede  apreciar el fracaso de la biología,  de la química,  de la medicina, etc. pues si bien  parecía que todas ellas estaban llegando a la totalidad del conocimiento,  hasta que  un simple virus, de origen relativamente   desconocido, le ha venido a demostrar  la pequeñez de sus sabidurías, pues hasta su mismo origen y características no han sido capaces de descifrarlo con precisión unánime los científicos.

Visto lo expuesto, es posible pensar que esta pandemia mundial, tan destructiva y dolorosa, pudiera tener un origen, por lo menos desconocido, y hasta  sobrenatural…,que viniera a corregir y a alertar y advertir  a la humanidad, que estaba transitando por sendas peligrosas, con tantas envidias, codicias,  guerras, imposiciones, etc. y  que se estaba olvidando de principios morales milenarios  y tradicionales,  que han regido a  los humanos desde tiempos inmemoriales.

De ser así, cosa que nadie puede afirmar, pero tampoco negar,  quizás sea bueno pensar que en adelante, todos, hemos de dejar más  espacio en nuestras vidas, a la generosidad, a la comprensión, a la humildad,  al buen trato, al destierro de los fanatismos de todo tipo,  a la merma de vanidades, al cariño y respeto a nuestros mayores, y a tantas cosas buenas que nos enseñaron nuestros antepasados, y que nosotros habíamos olvidado.

Por mi vida de emigrante a Venezuela,  tuve oportunidad de volar sobre El Atlántico decenas de veces,   y como nuestra isla es  la última tierra que se ve desde el avión, y la primera cuando se regresa, yo siempre miraba con emoción a El Hierro, y pensaba lo bonita que se veía desde la altura, pero también pensaba lo pequeña que era, y que  debería ser, por esa misma circunstancia, un remanso de paz entre sus habitantes, pero después me he decepcionado dolorosamente cuando veo a las familias fragmentadas por fanatismos políticos, por el futbol, por discordias  a la hora de repartirse la herencia de sus padres,  y por tantos   y tantos elementos negativos.

Me gustaría pensar, que de ahora en adelante la humanidad, vistas sus limitaciones tomará nota y recapacitará sobre sus conductas, tanto a nivel mundial,  nacional, regional y local, sería muy buenos para todos, incluso en nuestra isla.

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