CREENCIAS, MEDITACIÓN Y ESNOBISMO. Por Mª Elena Moreno.

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Continuamente me comentan algunos de mis conocidos los libros, cursos y ejercicios que leen, ejecutan y practican, para alimentar el espíritu y el dominio y control de la mente. Me lo dicen con una expresión de superioridad, presuponiendo que me pueden enseñar, para salvarme la vida o poco menos, algo del Budismo, de profetas orientales y poetas sublimes, nuevas religiones nacidas en los últimos siglos, en fin, me hacen un champurrio verbal o un colage de conceptos con creencias, mezcladas con la fe de sus antepasados y aderezados con los ejercicios de yoga y otras gimnasias, que acompañan alternativamente con zumbas y ritmos afros, practicados en otros locales donde el sudor y el retumbar de tambores forman la perfecta silueta, aumentan los musculitos y ayudan a la combustión de las grasas con dietas, brebajes y diluyentes de la antiestética celulitis del cuerpo y de la mente.

Todo esto les insufla los pertinentes conocimientos, para salir disparados hacia un periplo de terrazas «donde quedar», comercios que recorrer, ropa de marca que buscar y ligues fortuitos que les calmen la ansiedad que padecen, tras la búsqueda infructuosa y esnobista, de pseudoamores, sexo, y la caza improvisada de un acompañante femenino o masculino para poder acudir a los eventos veraniegos en socorrida compañía de turno.

Con honrosas excepciones, dichos fantochitas/tos, siguen peleándose por cualquier cosa con su familia, ignorando a sus prójimos y vecinos, fijándose en los lujos, algún que otro vicio y placeres banales, que les convierten en machanguitos inútiles para la sociedad, con apariencias arrogantes pero con menos criterio que un grillo.

Todos vienen a enseñarme cosas, a veces incluso alternan su discurso ridículo con burlitas y descalificaciones.

Ninguno me ha sorprendido con un comportamiento coherente que les atribuya un prestigio de personas con cualidades como humanidad, entrega, sacrificio y algo que no sea su propio hedonismo.

Mientras que las editoriales y fabricadores de libros se forran fuera y dentro de internet, la sociedad cada vez está más estúpida, petulante, ignorante y carente de firmeza en sus apreciaciones. El «rebaño» frívolo, confuso en sus acciones, disgregado en sus comportamientos, avezados en la expresión de ideales revestidos de bellas palabras, pero brillando por su ausencia los comportamientos que justifiquen tantas buenas teorías.

No hace falta ser santo, ni héroe, para cuidar de los seres que se suponen queridos, no hace falta ser un superhombre para aplicar fidelidad, lealtad y sinceridad en nuestras relaciones. No hace falta tener varios másters para esforzarnos en producir y crear acciones para el buen aprovechamiento de nuestros colectivos, y tampoco hay que estar loco para tomarnos en serio a las personas que nos rodean y darles lo mejor de nosotros mismos, extirpando el interés egoísta, el parasitismo, la falta de atención, en suma, como se ha definido anteriormente y no lo digo yo, el sensual contacto de las epidermis y el intercambio de mentiras, o si lo prefieren la afirmación de lo livianos que somos a menudo, carentes de los quilates que autentifican a los seres llenos de integridad.

Hagamos algo que nos dé credibilidad, que provoque amor, agradecimiento y lealtad en nuestros semejantes y que además nos sirva de ejemplo.

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