TIROS Y BALAS por Mª Elena Moreno.

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Me sorprendí a mi misma buscando películas del oeste con el mando del televisor, en los sinnúmeros de canales, al menos dos, ofrecen este género del cine.

Los actores americanos más famosos, tienen en su haber varias películas de westerns, los cuales les catapultaron a la fama. Títulos como «Solo ante el peligro», «Cometieron dos errores», «La diligencia», etc. siguen siendo hoy en día muy solicitadas por el público aficionado.

Comencé a pensar el por qué de mi tendencia apasionada y decidí reflexionar pausadamente. Llegué a la conclusión de que en las películas donde la principal protagonista es la ley del revolver, la rapidez del disparo y la muerte, son los símbolos que diseccionan las pasiones humanas más a flor de piel.

Hoy en día seguimos igual, sólo que la rapidez no es la del pistolero, sino la de las argucias, la ley no es la del antiguo oeste sino la verbigonza, verborrea y la habilidad para arrimar el ascua a la sardina, todo ello disfrazado de rigor y método para aplicar la ley que como en el oeste, se viola todos los días.

En el Oeste se moría a puñados por bolsitas de monedas de oro, tierras, robos y venganzas. Los crímenes más horribles tanto de indios como por blancos unos arrancando cabelleras con razón o sin ella y los otros, perpetrando el genocidio más extremo, cuando se expandieron y aplicaron la ley de márchense ustedes, que nosotros nos aposentamos y les quitamos los bisontes, los búfalos y toda la comida que se pueda encontrar, además de masacrarlos y casi exterminarlos.

Ahora estamos igual, el fuerte sigue comiéndose al débil, se siguen exterminando indígenas por contagio de virus y bacterias, sólo que hemos pasado de ser aborígenes y ahora somos cobayas de laboratorio.

Me gustan las pelis del Oeste porque entiendes mejor la naturaleza humana a simple vista. Ahora tienes que descascarillar la cebolla para encontrar el egoísmo, la ambición desmedida, la crueldad en el núcleo de la hortaliza, pues hay infinidad de capas llamadas casas de Dios, organismos altruistas, y otras manipulaciones que nos impiden encontrar a los verdaderos héroes si es que los hay.

Quizás ya no vienen mesías, ya no hay mecenas sin lucro, a lo mejor el adalid es el indigente que sabe nadar y buscar el sustento sin suicidarse, en un mundo semejante a la selva, en medio de guerras frías, segregación, sin tecnologías, rodeados de masas de hormigón, sentados en el asiento de un parque, escuchando el sonido de los pájaros.

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