EL JARRÓN QUE NO SE HA ROTO. Por Mª Elena Moreno.

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Lo han dicho todos los profetas, «lo que no se da, se pierde». Ellos abogan por la generosidad, aludiendo a lo que entregas: amor, prebendas, sacrificios por el prójimo, todo ello se multiplica espiritualmente en el cielo.

Lo que no se da, se pierde, y lo constatas cuando ves pasar los años, y todo lo que en su día no entregaste lo vas perdiendo poco a poco. El amor que no diste, se convirtió en indiferencia; los regalos que no hiciste se envejecieron, se llenaron de moho, se fueron al contenedor.

Las tumbas egipcias llenas de oro y arte, se desenterraron para los museos de la humanidad. Los excedentes de las cosechas se tiraron al mar, para subir sus precios, mientras había estómagos vacíos.

Los irresponsables quemaron los bosques llenando de muerte la biodiversidad y los ecosistemas.

Los mares se contaminaron, porque no se les dedicó programas, ni leyes que evitaran los vertidos de basura en él.

Quizás lo que más nos pasa factura sea el tiempo que no dedicamos, porque esa falta de atención quebró la educación, se suprimió el ejemplo, se evaporaron las improntas de la afectividad, no hubo referentes, y los troncos de los «pequeños arbolitos» no se enderezaron a tiempo.

Pero la frase más genial la pronunció Jesús, y la podemos leer en el Nuevo Testamento: «No acumuleis, pues sereis pasto de los ladrones»

Me lo aplico, todo lo que no dí en su momento, sirvió de esbozo para mi retrato particular, primero en el lienzo y luego en el espejo de mi conciencia, como le sucedió a Dorian Grey.

Todavía tengo un jarrón que hechiza por su belleza, aún no se ha roto…no se si regalarlo antes.

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