EL TEMOR A LOS DIOSES por Mª Elena Moreno.

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En las antiguas civilizaciones del Mediterráneo se tenía miedo a la venganza de los dioses.

En la Era Cristiana, se rememoran las palabras de Jesús, cuando apuntó al «crujir de dientes» de los que se atrevieran a escandalizar a los inocentes.

Hace poco, tuve una conversación con un ser de alma blanca. Intensa sufridora de los avatares de la vida, que cándidamente, fue atacada por la falsedad y la hipocresía de los fingidos amoríos de un Ken de Barbies, supeditado al cálculo y la vida acomodaticia. ¡De repente!, mi dulce protagonista, cayó en la cuenta de que su «castigador » comenzó a recibir la justa reprimenda, en donde se juntó un jinete de guadaña con el accidente fortuito del revés económico.

El sujeto en sí, no fue consciente de los agravios del cielo, pues su vida acostumbraba a ser, siempre, balanceada por el dulce lecho de la holgazanería y la picaresca. Se distraía lanzando una y otra vez, la bola de la irresponsabilidad hacia los tejados ajenos, por tanto, tardó en su apercibimiento.

Aquél botarate era cruel y se ensañaba con sus seducidos, sobre todo si eran mujeres. Jugaba al desconcierto, la mentira, la infidelidad y la altanería.

Era como si los dones que había recibido del cielo, que eran abundantes, pues, todos juntos, los hubiera utilizado para lucrar el estómago de la presunción, y acumular tretas en el saco del juego al despiste traumatizador y aberrante.

En un mes escaso, una de sus secretas pasiones encarnadas en un brioso corcel, brotó por los aires en una tormenta de alcohol y posesión diabólica.

Su familia se vio disuelta por un éter que trasladó el polvo al polvo y la ceniza a la ceniza. Pero además por arte de birlibirloque, todos los colchones de plumas de sus colores irisados se desmoronaron, quedando untado del ridículo y la vergüenza de los pobres.

El alma inocente, protagonista del furor de Dios hacia su verdugo, no supo que había sido vengado su maltrato, ni redimido su suplicio de abundantes lágrimas, hasta que el Ángel de los ejércitos se lo susurró al oído diciendo: – «Has entrado en el mundo vivo de la más alta vibración de la inocencia y los castigos caen desde la conjunción de las órbitas de la blandura y la verdad»

¡Que puedo decirle a los lectores! Pues que tengo mucho miedo de las venganzas implacables del Creador…

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