El perfecto reloj biológico, por Mª Elena Moreno.

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El día 22 de Agosto, observé el año pasado, en un jardín próximo a mi casa, la explosión de una flor de belleza sin igual, no solo por su color, sino por su enorme tamaño. Vivió solo un día en su entero esplendor. Apunté, la fecha y observo pacientemente, como está creciendo su capullo, para volver a brotar con exactitud de reloj biológico.

Los genes esconden las fechas y los tiempos. Cada especie, cada raza, cada variedad, tiene medido su existencia.

Pero si no se riega el cactus no florece. Si yo no me cuido, puedo aplastar la realidad temporal de mi genética.

Si tengo muchas ganas de vivir y esquivo los accidentes fortuitos, es muy probable que cambie, conscientemente, mi propio reloj biológico. La prolongación de la vida es tan misteriosa como el universo microscópico de los aminoácidos de mi ADN.

Realidades, supersticiones, hechizos, plegarias y disciplinas espirituales, bailan al son de los siglos y de las conjunciones planetarias, como danzan en mi alma, los múltiples presentimientos de mi comunicación con Dios.

Tendrá que ponerse de acuerdo el Creador, con la sucesión de días, ilusiones, plétora, finalidad y misiones a realizar. El resultado lo sabe el hilo conductor que maneja lo indescifrable de la humanidad. Es el tabasco de la vida, la miel de todos los amaneceres, la sensualidad del arte y la belleza.

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