CIENCIA, FICCIÓN Y POSIBILIDAD. Por María Elena Moreno.

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Hace mucho tiempo y recordando frases pronunciadas por Einstein y Julio Verne, que venían a decir algo así como: «Todo lo que imaginamos se puede ocurrir o realizar», estuve viendo películas donde se aislaban cerebros de cuerpos muertos, y se les daba la vuelta a la vida. Uno de ellos, estaba dentro de un robot de un jugador de ajedrez. El amigo del fallecido donante en la clandestinidad y sin permiso, se dió cuenta de que el robot realizaba gestos únicos o rictus, que pertenecían a su querido compañero; antes de mover ficha, el artefacto humanoide levantaba durante numerosos segundos un dedo de la mano, (lo que en vida solía hacer cuando tardaba en reflexionar). El segundo caso, se refería al ya famoso personaje creado en un laboratorio con cerebro incluido: Frankestein, que todos conocemos. El tercer caso de cerebros que viven después de la muerte, reproducía en el celuloide una cabeza, la cual pertenecía supuestamente a un genio de altísimo coeficiente intelectual, que dirigía (mientras se alimentaba su cerebro por mangueritas y sueros), todo un sistema de vidas espaciales con naves, operarios, etc.

Eso demuestra que la geriatría y la medicina, interactúan, para que cuando no se pueden reponer órganos, ni sistemas del cuerpo humano, se intente más que sea, conservar los cerebros.

De ahí que los ricos y poderosos, jugando a ser dioses, quieran sobrepasar la barrera de los 100 años, jugar a dominar la vida eterna.

Yo imagino mi cerebro alimentado en una vitrina y dando órdenes, mediante sonidos de la propia boca de mi cabeza, o traducidos por un lector de signos en un panel al estilo de científicos, que siguieron trabajando, aquejados por inmovilidad corporal.

Pero, ¡que arriesgado debe ser! que hable un cerebro con 150 años, por muy inteligente que sea y deje entrever su chochez, alzheimer contenido, y miserias humanas. Esto lo imagino porque las ideas también se quedan obsoletas, se encasquillan y se llenan de patologías, todas ellas asociadas al envejecimiento de los genes.

El reloj biológico no va a perdonar, el excesivo ego y el afán de poder de los que pudieran, hipoteticamente, dedicarse a este tipo de adelantos de la biología humana.

¿Y si se equivocan y sale en la pantalla los episodios escatológicos y las vergüenzas de símbolos oníricos o deseos sexuales, similares a la máquina de orgasmos que ideó Woody Allen en una de sus películas? -Yo me retiro de esto de antemano. No participaré. Pobre de mí.

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